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Votemos bien

Por: Germán Cardona Gutiérrez
Director de Colombia líder.

Colombia es uno de los países del mundo que más recursos transfiere a sus regiones. Más de 25 billones de pesos en regalías y más de 160 billones enviados a municipios y departamentos vía transferencias así lo demuestran. La política de descentralización y de autonomías locales colombiana es motivo de ejemplo y de análisis en otras latitudes.

Aunque seria ingenuo pensar que todo ha salido bien, lamentablemente mucha gente descalifica lo bueno que se ha logrado con la elección popular de alcaldes y gobernadores y el fortalecimiento del régimen descentralista a partir de la constitución de 1991. Valdría preguntarnos si Colombia estaría mejor o peor bajo un régimen centralista como sucedía cuando hasta las mínimas decisiones de municipios y departamentos se tomaban desde Bogota o cuando el Presidente de turno decidía desde la capital de la Republica cuando cambiaba un gobernador y como un castillo de naipes caían los alcaldes de los municipios y hasta los porteros de las alcaldías.

Con la elección popular de alcaldes y gobernadores y el nacimiento de la descentralización Colombia cambió y aunque la mayoría de esos cambios han sido positivos también han sido poco visibles. A manera de ejemplo recordemos lo que era Bogota hace unos años y lo que es ahora. El buen momento de la capital de la Republica nació a la par con el nacimiento de la descentralización. Igual cosa sucede en muchos, muchísimos sitios de Colombia donde sus gobernantes están realizando importantes gestiones que solo son visibles para los habitantes de esas regiones pero no para el resto de los colombianos que solo nos enteramos de los escándalos que se suceden.

Muchas veces oímos decir que gobernar es muy difícil. Eso es falso. Los que hacen difícil el ejercicio del gobierno son los mismos gobernantes que muchas veces en el afán de llegar a ocupar los cargos de elección popular para los cuales se postulan, terminan haciendo acuerdos con Dios y con el diablo, prometiendo todo tipo de cosas, la mayoría imposibles de cumplir y lo que es peor vendiendo su conciencia y su independencia a sectores políticos que una vez los ven elegidos, pasan la cuenta de cobro a través de la exigencia de puestos, contratos y todo tipo de prebendas que terminan volviéndose foco de corrupción y clientelismo.

Ante las próximas elecciones de gobernantes locales que se llevaran acabo el 28 de octubre los colombianos tenemos que ser muy responsables y estar atentos a rechazar a aquellos candidatos que están mal acompañados y ante todo que prometen una cantidad de cosas que ellos mismos saben que después no pueden cumplir.

Hagamos entonces uso responsable del derecho pero ante todo del deber que tenemos de fortalecer nuestra democracia a través de la elección de buenos gobernantes. De esa manera incrementaremos el círculo virtuoso de elegir buenos gobernantes para que administren bien los recursos y realicen buenas gestiones como lo comentábamos al inicio de este artículo. Seguir criticando y abstenerse de votar a lo único que contribuye es a que por pasividad y apatía terminemos permitiendo que otros elijan por nosotros.