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Por la libertad, la paz y los acuerdos humanitarios

Por: Camilo González Posso*

Una gran alianza de organizaciones y sectores sociales ha acordado proponer a todos los votantes de todos los partidos una papeleta adicional para meter en la urna el próximo 28 de octubre, la que se ha llamado papeleta de “Voto por la Libertad, la Paz y los Acuerdos humanitarios”.

En próximos días, el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional se pronunciarán sobre la solicitud ciudadana de distribución y escrutinio de ese voto como parte del paquete de votación programada. Antecedentes como la Séptima Papeleta de los estudiantes (1990), el del Mandato por la Paz (1997) y toda la jurisprudencia que los rodeó permiten prever un concepto positivo que facilitaría la convocatoria y el visto bueno de Hacienda a la adición que representa menos del 0.5% del costo total de las próximas elecciones a cambio de un proceso democrático de alto interés nacional.

En una sociedad permanentemente golpeada por la atrocidad, que acumula solo en los últimos 10 años, 22.600 secuestrados, 15.000 desaparecidos, 3.5 millones de desplazados, 200.000 niños y niñas huérfanos en razón del conflicto y más de 500.000 familias victimizadas, nada hay más importante que la construcción de una conciencia colectiva sobre la necesidad de la convivencia sin violencia y la afirmación de los valores y derechos que protegen la vida, la libertad y la paz. El mensaje de la papeleta apunta a una exhortación ciudadana que le de fuerza a los mandatos constitucionales y legales: “Voto por la libertad, la paz y los acuerdos humanitarios.

¡No al secuestro, no a la desaparición forzada, no al desplazamiento forzado, no a toda violencia contra niños, niñas y población! ¡Si a la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición! La paz exige compromisos, fin de las hostilidades, dialogo y solución política”.

Algunos escépticos han preguntado sobre la eficacia de un voto de esta naturaleza pensando que hace 10 años se contaron 10 millones de votos por el Mandato de Paz que tenia un contenido similar y sin embargo aquí estamos como estamos. Con esa lógica, que no valora la participación y la construcción de causas comunes en una sociedad adolorida, quedan pocas opciones de futuro.

No puede olvidarse que la séptima papeleta desencadenó el proceso que llevó a la constituyente de 1991 y la consagración del Estado Social de Derecho y que el Mandato de 1997 fue un hito con efectos importantes y también con frustraciones, pero de gran impacto en programas, iniciativas legislativas, procesos pedagógicos, políticas de convivencia, compromisos humanitarios e intentos de dialogo y negociación para ponerle fin a la larga historia de confrontaciones.

El Voto por la libertad y la paz que se está proponiendo permite en el terreno electoral darle resonancia a marchas y manifestaciones como las del 5 de julio, la del profesor Moncayo, o tantas de estudiantes, sindicalistas, indígenas o victimas que en el último año están exigiendo fin a las hostilidades y respuestas inmediatas de libertad y verdad.

También se ha advertido sobre el riesgo de que no se logre una votación mayoritaria por esta papeleta adicional. Un resultado adverso se conjura si se continúa ampliando la alianza y se involucran todos los partidos, candidatos, gremios, empresas y organizaciones de comunidades y familias afectadas por la violencia. El Partido Liberal ya ha tendido pronunciamientos convergentes y lo mismo el Presidente del PDA y la ASI.

Lo importante es que no se vuelva bandera de confrontación sino mensaje de unidad y que los medios de comunicación la asuman como parte de su compromiso y de la tan mentada responsabilidad social.

En las elecciones de octubre no solo hay que votar bien, con responsabilidad y transparencia sino con un voto mejor que se compromete expresamente con la paz y la libertad.

*Vocero de la iniciativa “Voto por la Libertad, la Paz y los Acuerdos humanitarios”.

09/03/2007 VOTEBIEN.COM