
Cuando Mancuso estaba en Santafé de Ralito, la vía principal permanecía en buen estado (derecha). Hoy es una trocha que requiere el uso de campero.
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Regiones
Política en los ‘feudos’ de Mancuso
Por Carlos Eduardo Huertas
Tierralta, Córdoba, fue quizás el municipio de mayor influencia del jefe paramilitar desmovilizado Salvatore Mancuso. En especial la zona de Santafé de Ralito, Caramelo y los Volcanes, lugares que sirvieron de escenario de la desmovilización de los paras. Allí están miles de hectáreas de sus fincas. Por años él fue ‘el señor’ de esta región. Daba empleo, mantenía en buen estado la vía, y administraba justicia a través de sus lugartenientes. Su influencia política era evidente. Hoy están tras las rejas dos ex alcaldes de ese municipio por haber firmado el llamado Pacto de Ralito. Igual suerte tiene la ex congresista Eleonora Pineda, quién es oriunda de Caramelo.
Votebien recorrió la zona, donde sus habitantes coinciden en que sienten que se quedaron con el pecado y sin el género. Es decir, señalados de paracos pero sin tener los beneficios que antes tenían. La vía ahora es una trocha, no hay empleo, y para colmo muchas de sus jóvenes fueron embarazadas e infectadas de sida por los excombatientes que pasaron por allí en las negociaciones. La expectativa es que el alcalde que gane de los 9 candidatos, y los 15 concejales que sean elegidos de los 105 aspirantes, ayuden a hacer realidad la presencia del Estado que se les ha aparecido a cuentagotas.
Vea video del recorrido aquí
Esta es la historia de los tierralteros...
Hay tramos de la carretera a Tierralta que parece el ingreso a una gran hacienda. En varios trayectos las acacias alineadas a lado y lado de la vía, dan sombra a la cinta de asfalto a medio pavimentar. El ganado gordo y perezoso come tranquilo en estas tierras consideradas de las mejores de Colombia. En otros tramos son cientos, quizás miles las hectáreas de tierra cultivadas con esta especie maderable. Los paisanos aseguran que este gran proyecto agroindustrial es del ‘Mono’, como conocían en la región a Salvatore Mancuso, el jefe paramilitar hoy desmovilizado y recluido en Itagüí. “Él fue el que le ordenó a sus hombres sembrar todos esos árboles en la carretera” dice un vecino que asegura que en la reforestación trabajan muchos reinsertados. Otra gran parte de estas tierras son de terratenientes tradicionales de la región.
La cabecera municipal de Tierralta es un pueblo calentano, aseado y tranquilo, interrumpido por un par de sectores de febril actividad comercial. Pero su rutina cambia los domingos que es el día de mercado. De las veredas y corregimientos, cientos de campesinos inundan sus calles. Y ahora en tiempo de elecciones, pareciera que son más.
Decenas de buses de las campañas políticas recorren la zona rural llevando al pueblo a los lugareños. Con afiches de los candidatos hasta no más dar, los llevan a que participen en las marchas de apoyo que organizan cualquiera de los nueve candidatos que hoy disputan la alcaldía o alguno de los 105 aspirantes a una de las 15 sillas en el concejo.
La concurrencia a estas marchas es la forma en que en este lugar miden la fortaleza de las campañas. También lo hacen por las aglomeraciones que logran las papayeras que se apostan en las sedes de campaña. Un día de mercado puede haber hasta cuatro sonando en diferentes lugares. Así se desarrollan en gran medida las campañas de los movimientos que tienen candidatos en disputa como son Convergencia Ciudadana, Colombia Democrática, Colombia Viva, Alas – Equipo Colombia, Opción Centro, la U, Conservador, Liberal y Aico.
“Todos los domingos aprovecho uno de esos buses, ni bobo que fuera” dice un campesino que asegura que él ya aprendió que a los políticos hay que aprovecharlos en las campañas pues es el único momento en que se les ve. “Yo recibo lo que me den. De todos un poco. Al final veo por quién voto... a lo mejor por ninguno” dice como quién cuenta una pilatuna.
En este municipio de 110.000 habitantes hay 52.540 tierralteros en el censo electoral. Siete mil más que en las elecciones pasadas. “Son los jóvenes y mucho adulto mayor que no había sacado cédula” se apresura a explicar el registrador local ante tan inusitado incremento en la población apta para votar, “además hay mucho interés en participar ahora que las cosas son diferentes” dice dando por hecho que se entiende cuál es la diferencia.
Pese a que no son frecuentes las denuncias de delitos electorales allí, se da por descontado que la fuerte presencia de Mancuso y su organización inclinó la balanza a favor de varios candidatos en pasadas elecciones. No hay investigación judicial que lo compruebe, pero es muy diciente que dos de los que fueron sus alcaldes – Marciano Argel y Sigifredo Senior- hoy están detenidos por haber firmado el llamado Pacto de Ralito. Otro de ellos – Héctor Acosta- fue asesinado en un episodio no aclarado que localmente relacionan con estos grupos. Y Eleonora Pineda, la congresista que antes había ocupado un puesto en el concejo municipal, también este tras las rejas investigada por su activo papel en la representación de los intereses de los paras.
El fantasma de la parapolítica asustó a varios. Uno de ellos es el actual alcalde Humberto Santos Negrete, quién renunció a Colombia Viva, el movimiento político por el cuál fue electo. “Hay que buscar partidos que tenga menos señalamientos” dijo a Votebien buscando explicar su decisión. Ese partido en las pasadas elecciones regionales no sólo ganó la alcaldía, sino que obtuvo la mayoría en el concejo. Hoy el pulso de papayeras y marchas pareciera estarlo ganando los candidatos del partido Convergencia Ciudadana.
Pero los intríngulis de esta forma de ver la política poco le interesan a los habitantes de las tierras que sirvieron de escenario a las negociaciones que llevaron a la desmovilización de alrededor de 30.000 paramilitares y la mayoría de sus jefes.
En el corregimiento de Santafé de Ralito, de Los Volcanes y el caserío de Caramelo, donde vive el diez por ciento de la población de Tierralta, lo único que esperan es que la política pronto se traduzca en la presencia del Estado que vienen recibiendo a cuentagotas desde la salida de ‘los señores’ de estas tierras. En especial de Mancuso, que era el mandamás en la región.
Desde su salida todo ha cambiado en este lugar. Aunque dicen que el temor pasó, la gente accede a hablar con el compromiso de no citar sus nombres. La primera evidencia de cambio es el mantenimiento de la vía de acceso. En la época de control paramilitar el recorrido tardaba unos 30 minutos, de acuerdo a los cálculos de un taxista que frecuentemente les llevaba prostitutas del pueblo. Hoy en campero se tarda hora y media, y son varios los trayectos en los que es indispensable el uso de la doble transmisión.
El segundo tema que resienten su habitantes es el del empleo. Antes la economía local tenía el motor del dinero de los paras. Hoy no hay dinero ni empleo. En las fincas que dicen son del ‘Mono’, hay algunas cabezas de ganado flaco, de baja calidad, que pasta sin ganas. “Esos son de algunos vecinos o administradores que aprovechan que nadie les dice nada. El de ellos se lo llevaron hace rato quién sabe para donde”, dicen los lugareños, que señalan algunas fincas que dicen ocupaban los jefes paras durante su desmovilización. “Nos quedaron tres iglesias que mandaron a construir” comenta uno de ellos con cierta resignación.
“Ni siquiera estamos igual que antes. Estamos peor” dice otro de ellos que teme por su seguridad pues sienten que quedaron con la marca de paracos, y aún no ven llegar el Estado que anunciaron iba a remplazar el que los señores de la guerra habían impuesto a punta de violencia y terror. Como se dice coloquialmente, se quedaron con el pecado y sin el género.
Luego de la desmovilización a Santafé de Ralito le quedó un puesto de policía, que con un par de caballos y motos busca traer seguridad a una población que siente que la guerrilla la acecha. “La gente comenta eso pero hemos ido a verificar y no encontramos nada” dice el encargado del puesto. Pero la gente teme por que en cualquier momento pase algo. Antes no tenían situaciones de inseguridad y recientemente intentaron robarse los computadores que le habían donado a una escuela. También hablan de robo de ganado y de un secuestro, aunque en los registros oficiales no aparece nada de esto. Cierto o no, lo que muestra esto es que hoy se sienten desprotegidos, más cuando la unidad antiguerrilla del Ejército se fue de la zona.
El recorrido por esta región es un rosario de lamentos. “Que los paras desmontaron el puesto de salud donde atendían su gente y se hacían operaciones estéticas”, “que no hay acueducto y les toca sacar el agua de pozos y esto hace que los niños se enfermen”, pero quizás lo que más herida tiene a esta comunidad es la situación de muchas de sus adolescentes. En Los Volcanes son por lo menos ocho jóvenes embarazadas en tiempo de las negociaciones y “diez hogares destruidos” comenta con certeza una líder comunal. En Caramelo dicen que son cerca de 20 las que quedaron preñadas y luego abandonadas tras la desmovilización. “Se sabe de por lo menos dos con sida” dice un líder local “pero son más. Acá la política no ha servido de nada” dice indignado señalando la pintoresca casa de madera de la ex congresista Eleonora Pineda, “esa señora sólo nos daba de a 20 y 30 mil pesos cuándo íbamos a pedirle algo, pero no le trajo ningún beneficio a la región”.
El único gran beneficio que coinciden tuvieron del proceso de desmovilización, vino por cuenta de la Misión de Observación de la OEA. Se trata de una treintena de “conciliadores” que fueron capacitados para resolver las diferencias habituales entre vecinos. Que un cerdo se comió una cosecha, que una vaca rompió un cercado, problemas menores en una comunidad empobrecida que ahora vive en paz. El último hecho que conmocionó el lugar fue un joven borracho que gritaba corriendo por todo el pueblo. Ya no hay los muertos de la época de negociaciones. Ni la antigua justicia que aplicaba discrecionalmente el lugarteniente paramilitar de turno o sus patrulleros.
El trabajo de estos conciliadores se articula con el de la inspección de policía, que rota un día en cada lugar y que atiende los asuntos mayores que lleguen a presentarse. No es menor que el acercamiento de estas comunidades al Estado colombiano sea por cuenta de su relación con la justicia. Aquí hay que avanzar más, pero no puede ser lo único.
La incipiente organización de la gente también es un avance. Llamativamente un antecedente de esto en Santafé de Ralito sucedió a raíz del incumplimiento en los pagos de una obra que mandó hacer Juan Carlos Sierra, alias el ‘Tuso’, uno de los que ahora está recluido en Itagüí. Se trataba de su casa en el pueblo que tuvo que abandonar casi a punto de terminar cuando el gobierno lo persiguió acusado de narcotráfico. La gente alborotada planeo desmontar la obra para que cada uno se quedara con una parte que compensara las deudas, pero alguien propuso conservar el lugar y acondicionarlo como el puesto de salud que es hoy.
En el recorrido todas las personas entrevistadas aseguran que hasta ahora no hay presión por ninguno de los candidatos en contienda. “Antes no era que nos obligaran a votar por alguien en especial, pero siempre había alguno de ellos que armado nos decía por quién votar”, comenta un paisano de Santafé de Ralito sin ser conciente de la intimidación de la que era víctima. “Para no meterse en problemas uno hacía caso. Nunca supe de problemas de los que no obedecían” , concluye a modo de justificación.
La región la han visitado con libertad varios de los candidatos que dejan su estela de publicidad a su paso. Curiosamente en algunas de estas humildes viviendas aún se mantienen, como si fuera decoración, los afiches de campañas políticas pasadas. Este es el caso de las imágenes del polémico congresista Miguel de la Espriella, que descoloridas parecieran hablar de lo que fueron sus glorias pasadas.
Los candidatos en puja tienen el reto de demostrar a los habitantes de Santafé de Ralito, Caramelo y Los Volcanes, que sus discursos van más allá del transporte al pueblo los domingos y la parranda en torno a unas papayeras. No es buena la percepción de lo público en esta región de víctimas. A nadie le cuadran las cuentas de los cerca de 500 millones de pesos que ha dicho la administración municipal se han invertido en mantenimiento de la vía.
“No se ha cumplido lo que nos prometieron que el Estado iba a suplir. Los campesinos nos debemos conformar con un solar de 15 por 20 sin poder tener una vaquita, o un burro, o unas maticas de pan coger. No es que añoremos cuando esa gente estaba acá, pero si se siente el bajonazo en las condiciones en que viven nuestras familias” dice enérgica una de las líderes locales.
De ser cierto lo que comenta el registrador local acerca de que el mayor número de inscritos obedece a un interés de la gente de participar en condiciones diferentes a las anteriores, el cambio podría estar cercano para estos ciudadanos que siempre han sido tratados como trabajadores de segunda en una región de terratenientes. Para ellos puede significar el chance de encuentro con un Estado al que sólo ven a cuentagotas.
09/07/2007 VOTEBIEN.COM