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El derecho sagrado
Por: Danilo Villafañe*
El voto es la confianza sagrada, es el depósito de confianza hacia el líder que sobresale por su propia condición, es poner en manos de aquel en quien confiamos la responsabilidad de administrar nuestro patrimonio común y nuestro futuro, votar es un acto de humildad, es un acto de honor a la confianza.
Para los pueblos indígenas de la Sierra Nevada, los líderes o Mamas han sido educados desde su niñez hasta su vida adulta para ejercer el papel de orientador, guía y regulador de la sociedad, es el que sujeta a la sociedad hacia un camino, es el que ostenta el conocimiento.
La Sociedad reconoce en su líder la autoridad y éste goza de especiales privilegios, la autoridad se traduce en poder para gobernar. Caso muy distinto en la sociedad del hermano menor, en donde el poder religioso, el económico y el poder político se asocian y establecen sendas estrategias constituyéndose en pequeños grupos de poder que ejercen dominio sobre una gran mayoría. La democracia no es siquiera un simulacro, si no una mentira.
Los partidos políticos han formado una estructura entre grandes y pequeños jefes o caciques electorales que con promesas jalonan los votos de los desprevenidos y se perpetúan en los cargos de elección popular, además esta práctica se ha convertido en cuestión de herencia familiar .
Quienes llegan a postularse como candidatos a ocupar estos cargos, en su mayoría, son primero avalados con visto bueno de empresarios o ricos acaudalados, luego por los partidos políticos, quienes comprometen su apoyo a sus propios candidatos porque tienen la capacidad de dar por contado los votos de sus empleados y de sus familias, esto no es mentira sucede en nuestra democracia de solo papel. De esta manera el poder económico llega a imponerse, definen los candidatos y en consecuencia garantizan la defensa de sus intereses, la democracia al servicio de quienes se hacen al poder.
Es triste, verdaderamente triste, que los ciudadanos del común sean asaltados en su buena fe. La constitución política les garantiza el derecho a elegir y ser elegidos a todos los ciudadanos, pero es triste que para muchos solo estén limitados a elegir y se les niegue el derecho de ser elegidos, porque los partidos políticos son una empresa cerrada y son ellos quienes avalan tales derechos, allí todos no caben. Muy triste, porque los que llegan a ocupar estos cargos por elección popular los tengan por oportunidad para robar y enriquecerse. Muy pocos escapan de esta estigma, y los que lo han hecho les ha costado, tiene que enfrentar fuertes intereses para no dejarse dominar por la rapiña que llega detrás de los recursos públicos que va administrar.
En Colombia, en nuestra amada república hace falta una democracia mejor entendida y mejor aplicada, por esa falta y por la enorme debilidad de las instituciones de control, los grupos armados se han impuesto sobre la voluntad de la gran mayoría e incluso sobre el esquema de elección tradicional de los partidos políticos.
Ahora los caciques electorales portan armas e imponen los candidatos. No se puede ocultar algo tan evidente, aunque también es claro la impotencia para resolverlo. Somos una sociedad dominado por el caos y la impotencia. A veces mejor no entender nada y que por ingenuidad nos perdonen, y que por ingenuidad no hagamos parte del caos, de alguna manera desaprobando lo que nos quieren imponer.
Quizás sea esta actitud tomada por una gran mayoría de colombianos, el abstencionismo sea posible muestra de ello. La inmadurez de la democracia en Colombia, si no en todo por lo menos en gran parte del territorio nacional, ha dejado de manera dócil a los grupos armados el poder político y electoral. Hay que imaginarse la gran debilidad de la democracia cuando los actores armados violentos se les permita llegar hasta el nivel de legitimarse.
En nuestro caso los Mamas (Autoridades Tradicionales) han tomado la decisión de no representar ningún caudal electoral ni hacerle juego a ningún partido político, concientes de que no es sano entrar en relaciones en contextos ajenos en donde la mentira reina y la honestidad no existe, en donde las palabras (promesas) disfrazan la avaricia y la vanidad de poder.
Nadie nos ha enseñado sobre democracia, ni dado ejemplo de como se aplica en la realidad, mucho menos si nos pertenece; a lo lejos solo se observa la falta de coherencia y la falta de respeto por el otro, se observa cuando las leyes bien pensadas se acomodan de manera burlesca. Casi de manera generalizada en la calle la gente habla mal de los políticos, así hayan manchado su cédula eligiéndolos por unos pocos pesos o simplemente porque un amigo, su gremio o patrón se lo pidió.
Afortunadamente, en los últimos tiempos viene, de manera creciente, tomando forma el voto de opinión. Las nuevas generaciones no están obligados a identificarse religiosamente a un partido político, como sucedía antes generalmente.
Quizás a mayor educación las personas se forman mejores criterios para elegir a sus candidatos, más por sus propuestas y méritos que por sus partidos. En tanto los pueblos indígenas seguirán siendo indiferentes ante la democracia del hermano menor, por su falta de forma y claridad, y a veces mejor estar al margen de lo que no se entiende mucho menos si los conflictos de intereses van a lesionar el carácter colectivo de esa sociedad.
*Líder de la comunidad Aruaca
09/10/2007 VOTEBIEN.COM