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Veeduria
Fraudes a la carta
Compra de votos, muertos sufragando y paramilitares llenando tarjetones, son algunas de las trampas frecuentes en elecciones.
En el lado oscuro de la política, donde las reglas se infringen y la trampa encuentra mil formas para manifestarse, los corruptos han creado una serie de triquiñuelas para favorecer a ciertos candidatos y alterar la elección democrática. Votebien le cuenta cuáles son las seis trampas más comunes hoy y cómo tratan de ser combatidas por la Registraduría. Éste también es un llamado para que los ciudadanos estén alerta y denuncien.
Los muertos votan
El fraude en las elecciones comienza mucho antes de la jornada electoral, durante la inscripción de las cédulas. Los tramposos suelen hacerse a números importantes de cédulas compradas, robadas, de presos y muertos para garantizarle a su candidato los sufragios de todos estos supuestos votantes. Por ello la Registraduría fortaleció el proceso de revisión de las cédulas inscritas. En el Atlántico, por ejemplo, antes de las legislativas de 2006 fueron anuladas 21.524 cédulas inscritas por pertenecer a muertos, presos, o porque los nombres de las planillas no coincidían con las huellas marcadas.
Los votos se trastean
El fraude anterior va de la mano con este. Una misma persona se presenta más de una vez a votar, con cédulas distintas en diferentes municipios o departamentos, cuando las elecciones son nacionales. Pero si de usar la misma cédula se trata, los tramposos suelen inscribir las mismas cédulas en departamentos o municipios diferentes. Cuando las elecciones son nacionales el fraude suele darse en municipios fronterizos, por ejemplo, Barbosa (Santader) y Moniquirá (Boyacá), dos municipios que se encuentran a menos de diez kilómetros de distancia. Para evitar esto, la Registraduría volvió a implementar el uso de la tinta indeleble. En estas elecciones, igual que en las del año pasado, los jurados harán una línea con marcador permanente en los índices de los votantes. El uso de este mecanismo puede ser contraproducente en municipios en los que actores armados prohíben votar o ejercen alguna presión frente a algún candidato.
Un paramilitar vota por todos
En algunas zonas los paramilitares solían presionar el voto hacia un candidato simpatizante. Pero la coacción iban mas allá. En las legislativas de 2006, en Ariguaní (Magdalena), por ejemplo, el grupo de ‘Tolemaida’, el líder paramilitar de la zona, al parecer le pasó a los delegados de la Registraduría una lista con las cédulas de los campesinos, que fueron luego ‘debidamente’ inscritas. Los tramposos recurren a este fraude con toda tranquilidad por que la gente no va a votar por pereza o miedo. Entonces marcan los votos y los jurados o delegados de la Registraduría comprados expiden los certificados de votación que después son devueltos a los ‘votantes’ ausentes. En este momento las autoridades electorales conocen bien este tipo de fraude, así que está por verse si éste se concreta o se ‘moderniza’.
El que llega temprano es jurado de votación
La Registraduría asegura que ya está superada una de las prácticas fraudulentas más comunes en las elecciones: los jurados homogéneos. En elecciones anteriores, a ciertos jurados elegidos por la Registraduría no les llegaba nunca la citación a su casa por cuenta de la gestión de los tramposos, quienes guardaban el registro de los jurados que nunca llegarían a las mesas de votación. Se encargaban entonces de que a primera hora estuvieran allí algunas personas contratadas por ellos, que se ofrecían para cubrir los puestos vacantes. Se convertían así en jurados comprados que afectaban de alguna forma la votación, los tarjetones o el preconteo de votos. En las elecciones pasadas los jurados fueron escogidos aleatoriamente por un software, por lo que ningún funcionario interfirió en su selección. Todos fueron notificados por correo físico y electrónico. Los jurados remanentes, el diez por ciento de la totalidad, fueron citados también, en caso de que los primeros no asistieran. La Registraduría está trabajando en la convocatoria de jurados para estas elecciones, pero insisten en que la mejor forma para que los jurados se enteren si fueron escogidos es acercarse a los puntos escogidos en cada municipio y revisar las listas allí publicadas. En el caso de Bogotá, las listas están en la Plaza de Bolívar
El voto tiene precio
Algunos políticos parecen Papá Noel en tiempos de elecciones. Llegan a los barrios marginales de cualquier parte del país cargados con mercados, tejas, cemento o plata para cambiarlos por los votos de los ciudadanos agradecidos. Unos videos revelados después de las elecciones de octubre de 2005 mostraron a funcionarios de la campaña de Nicolás Curi, hoy alcalde de Cartagena, repartiendo ventiladores y mercados. Él fue cogido con las manos en la masa, pero obviamente no es el único.
El tarjetón se marca en la casa
El día de las elecciones hay un carrusel más famoso que el de las ferias. Es el que hace el votante comprado, quien ingresa a la fila con un tarjetón ya marcado por el candidato. En la mesa recibe el tarjetón nuevo, deposita en la urna el que lleva marcado y al salir entrega el tarjetón sin marcar a una persona que le paga por el voto. Ese tarjetón se le entrega nuevamente marcado a otra persona y así sucesivamente. Para evitarlo, la Registraduría le pidió a los testigos designados por los partidos y a los funcionarios estar pendientes de comportamientos extraños.
DENUNCIE ESTOS DELITOS
Ya se puso en marcha la llamada Unidad de Reacción Inmediata para la Transparencia Electoral, en donde confluyen varias entidades estatales que están vigilantes para garantizar la transparencia en estas elecciones. Si tiene alguna denuncia puede hacerlo a la línea 01 8000 912 005 o escribir a la dirección electrónica elecciones2007@mij.gov.co.