
Un médico, un abogado y un ex senador se disputan la alcaldía de Magangué, un municipio que no tiene ni agua potable.
> “El gobernador Aguilar aprovecha su poder para favorecer a un candidato”
> La trashumancia y la compra venta del voto como práctica cultural
> En Medellín se elegirá más que un alcalde
> ¿Puede el sector empresarial contribuir a transparentar el financiamiento de la política?
> El rezago de las élites regionales
> Periodismo amenazado, información en riesgo
> Lo que está en juego en Medellín
> ¿Cómo votar bien sin información sobre resultados en las entidades territoriales?
> Alcalde de Medellín, sorprendido por apertura de indagatoria en su contra
> Once candidatos a Concejo renuncian por presiones de Farc
> MinDefensa defiende operativo de seguridad en elecciones
> Asesinan candidato a alcaldía de Toledo y a su hijo
> Asesinan candidato a alcaldía de Ataco (Tolima)
> La violencia en los comicios, no es nueva
> Los partidos piden medidas para evitar más homicidios
> Gobierno, preocupado por homicidios de candidatos
> Los rostros de los candidatos silenciados
> Horacio Serpa denuncia amenazas
> Misión de la OEA preocupada por atentados a candidatos en Colombia
> ONU condena asesinato de 3 candidatos a concejales por parte de Farc
Magangué clama por un buen alcalde
Por Julio Alberto Caro Díaz
La crisis actual por la que atraviesa el municipio de Magangué, en el departamento de Bolívar, hace necesario que sus habitantes tomen verdadera conciencia de la situación y piensen bien su voto.
Magangue es un pueblo que, a pesar de encontrarse situado en la ribera del Río Magdalena, carece de un óptimo servicio de agua potable (acaba de salir de un periodo de un año en el que sólo contó con este servicio durante un día al mes). Además tiene una taza de desempleo del ochenta por ciento, mitigado y disimulado solo por el subempleo y el ingenioso rebusque costeño. Por todo ello necesita un alcalde capaz de sacarlo de este abismo.
La crisis no se debe única y exclusivamente a la actual administración, la de Jorge Luis Alfonso López. Pero está claro que ésta no hizo absolutamente nada para solucionar los problemas.
Por ello no se explica entonces cómo varios de los aspirantes a la alcaldía son actuales concejales, quienes se dedicaron a aprobar de todo sin gestionar ningún proyecto a favor de tan sufrida comunidad. ¿Con qué argumento pueden pedir el voto a los magangueleños, qué obras podrían mostrar cuando éstas no existen?
De este abanico de aspirantes a la alcaldía municipal sólo dos o tres cuentan con aceptación dentro de la población. Los partidos más opcionados son en su orden: el Movimiento Comunitario por la Restauración Social de Magangué, en cabeza del médico Anuar Arana Gechem; Apertura Liberal, con Arcecio Pérez; y el Polo Democrático, que tiene como aspirante al ex senador del Moir Marcelo Torres. Estos tres aspirantes son en su orden quienes encabezan las encuestas.
El primero, Anuar Arana, es un médico que goza de mucha simpatía entre la comunidad magangueleña en general y que en las elecciones pasadas obtuvo más de quince mil votos. El segundo, Arcecio Pérez, es un abogado que luego de ser dos veces concejal quiere llegar a la Alcaldía con el apoyo del partido Apertura Liberal y el movimiento La esperanza de un pueblo. Y el tercero, Marcelo Torres, es un ex senador del Moir que luego de una ausencia de más de treinta años llega a su tierra, según él, para sacar a Magangué de la postración en la que se encuentra.
Por estas y muchas razones más, el nuevo alcalde debe ser alguien que cuente con las capacidades para sacar a Magangué del fondo de la charca. Que cuente con la experiencia que le permita conocer de forma amplia y detallada todo lo referente a la agricultura y ganadería, los principales sectores que mueven nuestra economía local y los que tienen que reactivarse inmediatamente para que Magangué vuelva a ser la ciudad prospera y pujante que fue hasta hace pocos años.
Estos son algunos de los retos que debe afrontar el nuevo mandatario. Además de acabar con la forma de gobernar bajo presión y amenaza constante que no permite que nadie pueda ejercer veeduría sobre nada, en donde a pesar de haber ampliado la cobertura en salud subsidiada, el servicio desmejoró mucho; en donde los mecanismos de participación son letra muerta y a la gente pobre no le queda más remedio que mirar indefensos cómo su municipio se convierte lentamente en un pueblo fantasma en el que impera la ley del silencio.
10/20/2007 VOTEBIEN.COM