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Gina Paola Romero, Directora de Proyectos de la Corporación Ocasa.

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¿Y dónde están los jóvenes colombianos?

Por: Gina Paola Romero*

“¡Somos jóvenes pero no somos bobos!”. Así empezó un encuentro denominado ‘La otra campaña’, que fue organizado por jóvenes en Santo Domingo, República Dominicana, con el fin de que la ciudadanía reflexione sobre las deficiencias de las propuestas de los partidos políticos que están enfrentándose en las elecciones presidenciales de este año.

Con este acto, al que asistieron cientos de personas, los jóvenes Dominicanos se pronunciaron fuertemente para mostrarle a la sociedad que, al contrario de lo que muchos piensan, la juventud tiene mucho que decir en pro de procesos democráticos legales, transparentes y bien concebidos, con propuestas no sólo viables sino pertinentes a la realidad del país.

Utilizando actividades artísticas, los jóvenes organizadores presentaron la forma en que están viendo la realidad de su país y realizaron una aguda crítica a los métodos utilizados por las diferentes campañas para atraer votos. Adicionalmente, mencionaron propuestas concretas, como la realización de una reforma electoral que le de a la ciudadanía la posibilidad de utilizar el voto en blanco para rechazar las deficientes propuestas.

Otra iniciativa de jóvenes en torno a las elecciones que se puede destacar es aquella liderada por la Plataforma Federal de Juventudes Argentinas quien movilizó a más de 50 organizaciones de jóvenes de toda la Argentina para impulsar una campaña que fue denominada ‘Votá y participá’. Esta iniciativa busca que los jóvenes expongan sus principales necesidades y demandas a través de una consulta que se realizará junto con las elecciones nacionales del próximo domingo, cuyo resultado será la creación de un ‘Decálogo de demandas juveniles’ que los jóvenes pretenden sea tenido en cuenta en la formulación de políticas públicas de juventud.

¿Y en Colombia?

Entre tanto, en Bogotá, yo me preguntó: ¿dónde estamos los jóvenes colombianos? ¿Dónde está la juventud en estas elecciones que han estado plagadas de campañas de desprestigio, de juego sucio, de compra de votos, de amenazas, de asesinatos? ¿Es que a caso a los jóvenes colombianos no nos importa el ataque frontal a nuestra supuesta ‘más antigua democracia del continente’? Antigua, quizás, democracia…

En Bogotá, por ejemplo, los candidatos se acusan constantemente de que sus contrincantes utilizan estrategias ofensivas, que van desde cuñas radiales hasta difamación en Internet, las cuales dejan al electorado más confundido que informado. Mientras tanto, en otras ciudades del país como Neiva, la guerra sucia va mucho más allá de la desinformación, generando actos como la manipulación de las válvulas de acueducto de la capital huilense; hecho que dejó sin servicio a más de 75 mil personas durante tres días. Según denuncias, el sabotaje tiene que ver con una supuesta guerra sucia entre los candidatos a la gobernación.

Pero más grave aún es el ataque frontal a la mecánica de las elecciones mediante la comisión de cientos de delitos electorales. Por ejemplo, hasta hace un poco menos de un mes, según datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), la inscripción de más de 373.467 cédulas tuvo que ser anulada al comprobarse que las personas no residían en los municipios donde sus documentos estaban inscritos. Las cifras son alarmantes. En comparación a las elecciones del 2003, la anulación de cédulas aumentó en un 18%; en el 94% de los departamentos y en el 66% de los municipios colombianos se presentaron denuncias por trasteo de votos. Según cifras del CNE, el departamento más afectado ha sido del Atlántico, en donde se reportó el 15% de las cédulas anuladas, mientras que Barranquilla se llevó el record por los municipios, con el 6%.

Por otro lado, la Registraduría ha recibido quejas de más de 50 municipios en los cuales otro tipo de comportamientos están minando la transparencia de las elecciones del domingo; entre éstos, la designación de todos los jurados de un mismo partido político. Mientras que en varios municipios los ciudadanos son amenazados con perder los beneficios de programas nacionales como las ayudas del ICBF, Familias en Acción; de proyectos específicos de las administraciones locales actuales; o incluso con ser retirados del SISBEN… ¡como si estos fueran favores que el Estado otorgara a sus ciudadanos! Esto sin contar los tamales, fiestas, kits escolares, tejas, botellas de aguardiente y dinero contante y sonante que decenas de candidatos están utilizando para ‘motivar’ a los electores.

Lo anterior ocurre mientras que locas propuestas tratan de minar el andamiaje jurídico que blinda a las elecciones de comportamientos delictivos, como el trasteo de votos. Por eso fue que sorprendió la propuesta de Pablo Gil, presidente del CNE, según la cual no debería existir el delito de trashumancia, según declaraciones por él dadas a El Tiempo, porque ‘la cédula es un documento nacional y el ciudadano puede votar dónde lo coja el día de las elecciones’. Si la situación es tan grave ahora que el trasteo de votos está tipificado como delito, ¿cómo sería la situación si no lo estuviera?

Pero la situación se pone peor. Según cifras de la Misión de Observación Electoral (MOE) 19 candidatos han sido asesinados y muchos más han sido amenazados. Por su parte, la Comisión Nacional de Seguimiento Electoral de la Defensoría del pueblo aseguró que ‘más de la tercera parte de los municipios colombianos están en riesgo” por las elecciones del próximo domingo.

Todo lo anterior mientras que la Comisión de observación, la de la Organización de Estados Americanos (OEA), asegura que, a pesar de los problemas ‘las elecciones no están en riesgo”. ¿Cuánto entonces se consideran en riesgo unas elecciones? Me pregunto. ¿No importa entonces que algunos candidatos vendan su alma al diablo por unos cuantos votos, dinero, buses, y otros reciban apoyos non-sactos? ¿No importa que candidatos sean amenazados o asesinados, ni que los ciudadanos se vean constreñidos a votar por quien no quieren?

La pregunta sigue siendo pertinente, ¿y dónde está la juventud Colombiana? ¿Qué ejemplo les estamos dando a las nuevas generaciones? Será que los jóvenes colombianos podemos, con la misma propiedad con la que lo hicieron los Dominicanos, salir a gritarle al mundo que somos jóvenes, pero no bobos?

*Directora de Proyectos, Corporación Ocasa.

10/25/2007 VOTEBIEN.COM