
Al sur de Barranquilla se concentra el día de las elecciones una logística delincuencial para la compra de votos. Ya está prevista para este domingo.
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La feria del voto
En el sur de Barranquilla, seis meses antes de cada elección comienza a moverse una maquinaria bien aceitada. Una que tiene poco de democrática, es millonaria, organizada y bien estructurada, moviliza miles de votantes, en su gran mayoría pobres de la ciudad, y todo con el propósito de distribuirse el pastel de la democracia de la capital del Atlántico.
Por: César Molinares Dueñas.
Horacio Ruiz* tuvo su primera experiencia con la política cuando tenía 16 años. Novato, recién llegado de un pueblo de Bolívar, a mediados de los 90, un viejo cacique político le sacó una cédula con su nombre y su foto, con la que entraba a los puestos a supervisar la votación.
De verbo fácil, educado, con ascendencia libanesa, fue fácil para él ser una pieza útil de la maquinaria y fue ganándose la confianza de los caciques de la ciudad. Ruiz comenzó un curso intensivo de cómo hacer favores a la gente. “Siempre los cobras”, dice al lado de una calle destapada de la ciudad, por la que pasa un arroyo caudaloso, y por la que, según él, ya se ha pagado varias veces por su canalización.
Todo esto era como un juego para él. A los 16 años era ‘legalmente’ mayor de edad: hábil para reclutar gente, con dinero en el bolsillo y acceso al poder que muchos se pelean en el sur de la ciudad.
Estudió derecho gracias a un padrino político que, a la sombra, le pagaba puntualmente la pensión en la universidad. “Solo al final supe quien me pagó la carrera y la especialización”. El cacique le cobraría el favor.
De manera soterrada lo involucró con su maquinaria política, de allí trabajó con conservadores y liberales, les ayudó a poner votos y ellos a su vez le pagaban con puestos públicos. Poco a poco se convirtió en un líder que maneja alrededor de 2.500 votos en el sector de Simón Bolívar.
Él, conocedor al detalle de la política de los barrios, calcula que alrededor de 5.000 líderes trabajan al servicio de la maquinaria política a lo ancho de los barrios del sur de la ciudad. Son líderes que tienen necesidades de empleo, educación, salud, o que al final son los que transan entre las casas políticas y los electores. Son ellos quienes organizan las visitas a los barrios, saben de las necesidades de sus habitantes y tienen acceso al candidato.
El líder es un intermediario que en las elecciones se encargan de comprar los votos que necesitan los políticos para ganar. “Si pavimentan una calle, ellos dicen que fue gracias a su gestión o la del político al que ayuda. Si alguien logra ser sisbenizado, aseguran que ellos fueron los que dieron la orden”, afirma Ruiz.
A su turno el político se compromete hasta donde puede. “El político soluciona lo que realmente tiene para comprar, no te va a ofrecer algo que él no pueda solucionar. Una operación de 50 millones no te la va a dar, se hace el loco. El va a lo puntual, a esta señora le hace falta una estufa, una nevera, una licuadora”, explica Ruiz.
Por este motivo los liderazgos no se construyen desde una base programática o de ideales. Es pura matemática electoral: ¿cuántos votos tienes? ¿Qué necesitas? y ¿qué te pueden dar a cambio? Cuando se habla de liderazgo, se refieren a la cantidad de votos. En la medida que un líder pone votos, hace elegir a un candidato, se convierte en una persona respetada, es indispensable para la maquinaria.
Ruiz también se dio cuenta de que la maquinaria tiene su forma de mantener el sistema: No todos pueden ser nombrados en cargos públicos, por lo que, su sueldo debía ser repartido entre otros líderes para que pudieran sobrevivir. “Mi sueldo lo dividía entre 4 ó 5 líderes que no podían ser nombrados porque no tenían los títulos o el perfil para los cargos, incluso debía entregar como garantía un pagaré en blanco y mi carta de renuncia”.
En el sur de Barranquilla, los líderes se mueven de una casa política a otra, sin lealtades, en medio de traiciones, por necesidades y con muchos desengaños.
Las redes del sur
El Sur de Barranquilla es un cinturón de pobreza que se extiende a lo largo de la carretera circunvalar, una vía que une los dos polos de la ciudad. A lado y lado de la vía se levantan cientos de barrios de invasión, promovidos por políticos desde la década de los 50. Según el urbanista Porfirio Ospina, la zona había sido vetada para urbanizar, pero los políticos cambiaban lotes por votos.
Ospino, experto en Planeación Urbana realizó un estudio sobre la ciudad, asegura que en esta área de difícil acceso, se construyeron barrios como La Chinita, Las Malvinas, El Pueblito, Simón Bolívar, entre otros. Aquí se concentran buena parte de los 130 mil niños que están por fuera de las escuelas y del 40 por ciento de la población que no cuenta con ningún tipo de servicio de salud, según datos del centro de estudios Fundesarrollo.
En época preelectoral, las tradicionales casas políticas de Barranquilla montan sus comandos políticos y ejercen influencia sobre sus habitantes.
“En el Sur está el gran caudal de votación, está concentrada la mayor parte de la votación comprable, y los políticos se han hecho elegir y reelegir con los votos de los cordones de miseria de los dos sures (suroccidente y suroriente), es donde la gente es más doblegable por su pobreza”, dice el director de Protransparencia Atlántico y miembro de la Misión de Observación Electoral en el Atlántico.
Según datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil, 480 mil personas pueden votar en las localidades Suroriental, Suroccidental y Metropolitana, es decir casi el 50 por ciento del potencial electoral de Barranquilla. En el 2007, fue tal la cantidad de personas inscritas-más de 140 mil- que con ellas se llenaría dos veces el estadio Metropolitano de Barranquilla.
El trabajo de la maquinaria comienza cuando se inicia la zonificación. Un proceso en el que miles de personas son movidas de un sitio de votación a otro.
Pedro Vitola* un veterano líder de La Chinita, pasea a sus electores de un lado a otro de la ciudad, con el propósito de tener un control de su votación.
“Si el cacique dice: ‘muévelos aquí’, yo lo hago”, explica.
Esta es una de las claves para la elección. Los antecedentes en el Atlántico no son los mejores, en el 2003 el Consejo Nacional Electoral anuló 215 mil inscripciones en todo el departamento del Atlántico. En el 2007, aunque en menor dimensión, se anularon 50 mil solo en Barranquilla.
Por lo general, las personas quedan registradas en el anterior sitio de votación. “Es un despelote para nosotros porque pone patas arriba la organización”, explica Pedro.
Con la zonificación, los políticos tienen un control del número de personas que votará por ellos y así puede destinar un presupuesto para la compra de votos. Los líderes negocian con el político dependiendo del número de personas inscritas.
Los líderes consultados para este reportaje calculan que, desde el comienzo del proceso, un voto se tasa entre 70 y 100 mil pesos, un líder que maneja 100 personas cuenta con un presupuesto de 10 millones de pesos. A un líder como Ruiz con 2.500 votos, le asignan 150 millones de pesos en efectivo.
En las pasadas zonificaciones, Pedro Vitola, un veterano líder del suroriente cuenta que inscribieron personas tan solo con el número de la cédula. “Un político me dijo que sólo les diera el número y esas personas podrían votar en Soledad”. Los líderes se encargan de contratar buses y taxis para trasladar de una localidad a otra a sus electores y les retienen las cédulas para garantizar que, al final, votarán por sus caciques.
Entre los mismos líderes comentan que para sacar 5.000 votos se necesita zonificar 40 mil personas. Le llaman el porcentaje de pérdida, es decir que, de un número de inscritos, consideran normal que un determinado porcentaje no vote ó lo haga por otros.
En esta época empieza también el mercado de becas, materiales de construcción y los estímulos como mercados, entre otros. Algunas de estas ayudas se canalizan a través de fundaciones, que, cómo contó un líder que pidió el anonimato, tienen conexiones en la Alcaldía de Barranquilla.
Los políticos juegan con las necesidades de los habitantes del sur y más cuando se trata de ser elegidos. Así se puede ver en la Esmeralda, en pleno corazón del suroccidente, en donde entrar es como pasar por un laberinto de calles destapadas y casas empotradas a los costados de las vías como pesebres de cartón. Aquí varios líderes como Ignacio Guerrero, un pastor evangélico que dirige un preescolar para niños desplazados, han denunciado que se ofrecen becas a cambio de votos.
Guerrero ha participado en varias reuniones en las que un aspirante al Concejo les ha hecho la oferta. “Pero también tienes a la gente que te dice: ‘sino me dan nada no voto’”, con lo que refleja una realidad crónica y cultural de la política barranquillera. “Los políticos han acostumbrado a la gente a que, para votar, tienen que recibir algo a cambio”, dice.
Es su contradicción, quiere ayudarlos, cambiarles la forma de pensar, inculcarles que no vendan sus votos, pero está involucrado en esta máquina que compra votos y conciencias, para la que termina trabajando el 28 de octubre a cambio de unas becas para sus niños desplazados.
La máquina que compra votos
En este punto, la máquina de comprar votos ya está aceitada. Con promesas, recursos públicos y mucho dinero, en el sur líderes como Horacio Ruiz aseguran que la conformación del Concejo de Barranquilla está cantada, incluso que aquí se decidirán otros cargos en disputa.
Cada calle, como cuenta Ruiz, se matricula con un político. “Calculo que un 65-70 por ciento de los votos empiezan a ser comprados antes de las votaciones”. Las elecciones son una fiesta en la que se espera que corran ríos de dinero.
A esta altura del proceso electoral, el político ha ido en promedio tres veces a un barrio para arreglar la votación. El esfuerzo es mínimo y, por lo general, los que controlan el cálculo electoral son los líderes de los barrios.
Néstor Juliao* es un reconocido taquillero que vive en el corazón de Los Andes, un popular sector del suroccidente de Barranquilla. “Nos dicen taquilleros – explica con marcado acento costeño- porque es una fila que va sumando y uno va contando.” De hablar lento y barriga prominente, sus jornadas en los días previos a las elecciones pueden durar hasta la media noche. Por este trabajo no recibe un peso.
El ambiente en esta zona está cargado. Muchos están temerosos por los controles que han anunciado las autoridades. Por sus contactos saben que habrá personas infiltradas en sus organizaciones y que deben estar atentos para no ser pillados. Si bien Néstor Juliao. está intranquilo, está determinado a colocar sus 250 votos. Hace pocos días concretó un acuerdo con una casa política del departamento, a cambio de un puesto. “Es un trabajo profesional”, comenta.
Él es reconocido por su precisión en las matemáticas electorales. En las pasadas elecciones cantó- como se dice en la jerga del sur- unos doscientos cincuenta votos en un puesto de votación. Logró el 95 por ciento.
“Mi trabajo es puerta a puerta, asegurando que la gente se aprenda el número y por quién votar”, así dice garantizará que sus votos sean contados el 28 de octubre.
En promedio para manejar 250 votos se necesita un batallón de 10 personas. El líder se encarga de la organización y de distribuir a la gente en los puestos de votaciones. El taquillero cuenta, controla y soborna, y las moscas dan la voz de alerta si se acercan las autoridades.
“Todo este personal suma, explica Ruiz, además de la proyección de zonificación, el transporte, todo termina costando alrededor de $70 mil pesos por persona, al final al elector se le paga la mitad, y la otra mitad se lo gana el líder”, a lo que lanza una pregunta “Entonces ¿calcula cuánto puede costar una campaña que necesita sacar 4.000 votos?” Un asunto de simple matemáticas.
El día de las elecciones en el sur será la culminación de un proceso de meses. Ese día, esta zona deprimida de la ciudad en donde viven miles de desempleados, en donde la gente a veces no tiene con que comer, será lo más parecido a una fiesta o a una guerra a la vez. En donde participarán líderes, capitanes, moscas y taquilleros, se contratarán miles de taxis y buses, se entregarán refrigerios, mercados y habrá dinero para pagar los votos. Sin duda, todo está listo para la fiesta de la democracia.
¿Quiénes son?
Al sur todos van. Los nombres son conocidos, en el recorrido que hecho por el sur de Barranquilla las calles están inundadas de publicidad política de todos los partidos. Todos niegan que compren votos (ver video candidatos), sin embargo en esta zona los líderes consultados aseguran que, el que quiere votos, tiene que pagar. Esa es la lógica electoral del sur de Barranquilla.
A pesar de las denuncias y las constantes anulaciones de inscripciones de cédulas por transhumancia electoral, ningún candidato o cacique político ha sido procesado por algún delito contra el sufragio.
Cuando se le pregunta a estos líderes, ellos responden que la gran mayoría de las casas políticas de la ciudad se han beneficiado, organizado o participado en la compra y venta de votos. No mencionan nombres porque temen represalias. Ellos tienen conciencia que saben mucho y que su silencio es su seguro de vida.
“Son las casas que manejan Barranquilla y el país, son los gamonales políticos los que han estado sentados en el poder por más de 30-40 años”, se atreve a decir Ruiz.
Esas personas les venden a los habitantes del sur de la ciudad que en sus manos está el poder sobre la educación, el empleo, la salud y los servicios públicos. “Nos dicen que ellos son los que pelean por nuestra comunidad, son los dueños de las empresas y las personas encargadas del control político social, y sin ellos no podemos hacer nada”.
A pocos días de realizarse las elecciones en todo el país, queda una gran incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir en Barranquilla. Las autoridades electorales aun están a tiempo de garantizar la transparencia y realizar los controles para evitar que, algunos pocos, hagan fiesta con la democracia.
*Los nombres fueron cambiados.
*Este trabajo se hizo con el patrocinio y bajo la convocatoria de la Alianza Votebien, Reporteros de Colombia y el Proyecto de Reforma Política PNUD - IDEA
10/26/2007 VOTEBIEN.COM