BlogsQuienes siguen desde diferentes frentes las elecciones han mostrado preocupación por la falta de publicidad de las propuestas de los candidatos, y por tanto la pobreza en el debate. Hasta ahora lo que hemos visto son escándalos y señalamientos personales, pero poco hemos visto de las aspiraciones y visiones de futuro de cada quien.
Este fenómeno tiene varias lecturas. La más obvia es que con la “encrucijada en el alma” a cuestas, para los candidatos es difícil definir una estrategia a seguir. Mejor dicho, si el ‘encrucijado’ se lanza o no cambia totalmente el panorama político, y ante la falta de definición, los candidatos no van a lanzar propuestas al vacío.
Pero, más que la explicación coyuntural, creo que estas elecciones son sintomáticas (perdonen el lenguaje médico) de una obsesión con la “reconciliación” que mucho daño le está haciendo a la posibilidad de sostener un debate.
En este país hablar de posiciones ideológicas se volvió sinónimo de ser enemigo de la patria. Y bajo la pretensión de una sociedad sin divisiones, unida bajo la búsqueda del bien de la nación, cualquier invitación a examinar en profundidad lo que somos, es tomada como una afrenta contra la colombianidad.
Hoy Martes 10 de Noviembre salió un artículo en la Silla Vacía (http://www.lasillavacia.com/historia/5183) que bien ilustra este problema. Ante la propuesta de Piedad Córdoba de incluir en las elecciones parlamentarias una papeleta que consulte a los ciudadanos sobre si queremos o no negociaciones de paz con las FARC, un grupo de jóvenes propuso la Papeleta por Colombia para contrarrestarla.
Como bien lo señala el título del artículo “Papeleta por Colombia: la 'derecha junior' se organiza”, la propuesta proviene de grupos de jóvenes conservadores simpatizantes de Uribe, quienes creen en fortalecer las fuerzas armadas antes de fortalecer otras instituciones.
Lo más interesante del asunto es que los jóvenes proponentes nunca hacen explícita su ideología. Al contrario, deciden llamar su iniciativa “Papeleta por Colombia”, tomándose la libertad lírica de presentar sus ideas como los ideales de la nación. Incluso, llegan a afirmar que sus propuestas no son ni de derecha ni de izquierda (“En Quac siempre hay espacio para el humor”).
Esta jugada de no identificarse con ningún tinte político sino con COLOMBIA (en amarillo, azul y rojo, con himno nacional y escudo incluidos) se ha vuelto un hábito en cada discurso político y público. A diestra y siniestra oímos la invocación de la Patria como una especie de amuleto de protección ante críticas y cuestionamientos.
En este clima político que estamos viviendo, es natural que los candidatos no den la pelea. ¿Quién se va a poner a atacar a la patria y a la colombianidad?