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La concentración de la tierra, el fenómeno del desplazamiento o la eventual firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos son factores que impactan de manera directa en la economía campesina colombiana Estos inciden en el 67,3 por ciento de la superficie cosechada en el país. ¿Qué va a suceder con la economía campesina si se mantienen las actuales condiciones productivas? ¿Qué cambios deben asumir las futuras políticas para el agro? Estos son algunos de los interrogantes que académicos, funcionarios y candidatos a la presidencia, analizaron en el marco del debate ‘Un campo para el campo’ organizado por la Universidad Javeriana, Segrario, Votebien.com y Oxfam.
Las propuestas de los candidatos
A pesar de que varios candidatos habían dicho que asistirían al encuentro, solo cumplieron la cita Gustavo Petro, del Polo Democrático, Alvaro Leyva, del Partido Conservador y Jaime Araujo, candidato independiente. Rafael Pardo y Germán Vargas Lleras no se presentaron. Andrés Felipe Arias envió un video con sus respuestas, que no fue presentado durante el foro pero que se puede ver aquí.
Los candidatos y precandidatos presidenciales coincidieron en que debe haber una reorganización de la tierra en el país. Petro, Leyva y Araújo indicaron que las tierras que poseen los mafiosos deben ser expropiadas y entregadas a los campesinos.
Petro indicó que de aumentarse la tierra productiva para la siembra de alimentos el país se autoabastecería y mejoraría las condiciones del campo. El candidato comentó que esa decisión tendría que ser apoyada con subsidios, con compras de las cosechas por parte del Gobierno y de la regulación de precios, teniendo en cuenta los efectos del cambio climático.
Araújo comentó que infortunadamente Colombia sigue siendo un país feudal, donde la tierra sigue concentrada en manos de pocos, y con monocultivos como la palma africana. “No apoyo la cosecha de alimentos para biocombustibles. Los alimentos deben ser para las personas; no para las máquinas”, dijo el candidato independiente.
Leyva afirmó que la realidad es desastrosa, producto de los efectos del desplazamiento forzado y de la carencia de políticas públicas que garanticen la producción nacional y el mejoramiento de la calidad de vida de los campesinos.
La desvalorización del campesino colombiano y el modelo de desarrollo antidemocrático
Carlos Salgado, director de la Fundación Planeta Paz remarcó el grave problema de los desplazamientos forzados como uno de los fenómenos sociales más dramáticos de Colombia, dentro de la conferencia titulada ‘La economía campesina y el modelo de desarrollo’. Salgado habló del desplazamiento, las tierras despojadas y los mecanismos necesarios para su restitución, pero resaltó que los actuales esfuerzos no son suficientes para crear las condiciones de una reparación justa, y promover una estructura rural democrática e incluyente.
La ponencia de Salgado hizo énfasis en la deuda que tiene Colombia con los campesinos quienes han sido desvalorizados y carecen de reconocimiento social. Esta doble falla conduce a que la sociedad no respete su trabajo y que este sea vulnerado por otros sujetos u actores que creen tener el favor de la sociedad porque portan los ‘valores’ que impone el desarrollo.
El papel del campesino se debe restituir y destacar porque es el actor principal del campo. Carlos Salgado resaltó que la Tierra en sí misma es valiosa como recurso físico y económico pero como proceso social y político tiene una importancia relativa puesto que no puede entenderse por sí misma sino con todo el conjunto de relaciones con que se asocia.
Los campesinos frente al TLC
Fernando Barberi, investigador y analista agrario destacó los principales puntos de asimetría entre las economías de Estados Unidos y Colombia, así como la inequidad en algunos puntos de la negociación del Tratado de Libre Comercio. El estudio presentado por Barberi, analiza y estima los impactos previsibles del TLC sobre la economía campesina colombiana. El trabajo, realiza una caracterización de la economía campesina en el país, a partir de los resultados de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del primer trimestre de 2005, así como los de la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) del año 2005.
Barberi, destaca un evidente y profundo grado de asimetría y señaló varios ejemplos. En el 2001, el PIB estadounidense era 122 veces más grande que el colombiano; el PIB agropecuario de Estados Unidos superó en 15 veces al colombiano y la superficie cultivada en 26 veces; las exportaciones agropecuarias estadounidenses superaron en más de 20 veces las colombianas; y el número de tractores por cada mil trabajadores era 257 veces mayor en Estados Unidos.
El segundo punto que destacó fue la posición inequitativa en contra de Colombia. Mientras que los Estados Unidos excluyeron de la desgravación al azúcar, uno de sus productos más sensibles y a la par uno de los principales renglones ofensivos de Colombia, no permitieron que Colombia excluyera producto alguno, como se pretendía en casos de bienes altamente sensibles como la carne de pollo o el arroz.
Para Barbieri, Colombia garantizó a los Estados Unidos la apertura sin condiciones del mercado interno para sus principales productos de interés exportador, como el arroz, el maíz, el trigo, la cebada, la soya, el fríjol, entre otros. En contraste, Estados Unidos, le condicionó el acceso de un producto importante como el azúcar a un contingente libre de arancel y no le garantizó la eliminación de las barreras no arancelarias.
Economía campesina
Jaime Forero, investigador de la Facultad de Estudios Ambientales de la Universidad Javeriana presentó un estudio sobre la economía campesina que revela que a pesar de factores de riesgo como el desplazamiento, el despojo, la pobreza, y la expansión de los cultivos ilícitos, este es un sector altamente productivo.
Los campesinos minifundistas han logrado sobrevivir y ser productivos por varias razones: se mueven en dos ámbitos, uno monetario y otro no monetario, le han apuntado a la agricultura de autoconsumo y subsistencia, y porque han implementado exitosamente tecnologías verdes. Los campesinos producen el 60% de los alimentos que consumen los colombianos.
El gran problema para la economía campesina es que los minifundistas no tienen la titularidad de la tierra, que está concentrada en pocas manos con grandes latifundios que no son agrícolamente productivos.