Del dicho al hecho
Según el informe oficial “Medellín, como vamos” Sergio Fajardo cumplió su promesa. Bajo su gobierno (2004 - 2007) se registraron varias mejorías en la seguridad. La tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes pasó de 57,3 a 28,7 al final del cuatrienio. El número de casos de secuestro se redujo en un 63,6 por ciento, al igual que el de hurto de vehículos. Se crearon 20 Centros de Atención Inmediata de Policía -CAI- y se realizaron campañas de convivencia en diferentes barrios de la ciudad. La percepción ciudadana de seguridad aumentó y Medellín recibió el mejor promedio nacional sobre concepto de trabajo de la policía y de satisfacción, según el informe de criminalidad y victimización de la Fundación de Seguridad y Democracia.
No obstante, su adversario en las elecciones de 2007, Luis Pérez Gutiérrez, denunció que la mejoría en estos índices se debió a supuestos acuerdos con el extraditado narcotraficante y paramilitar ‘Don Berna’ (y éste mismo así lo ha sugerido, sin aportar pruebas) que controló el hampa en Medellín y gran parte de Antioquia. Fajardo ha desmentido estas acusaciones y ningún nexo ha sido comprobado.
Según el informe “Siguiendo el Conflicto(…): Programa de Paz y Reconciliación en Medellín” de la Fundación Ideas para la Paz, la violencia resurgió desde el fin del mandato de Fajardo porque se debilitó la denominada Oficina de Envigado. Esto ha generado inestabilidad en el mundo criminal y un proceso abrupto de reorganización de los grupos ilegales de la ciudad. Por ello, desde 2008, Medellín ha sufrido un cambio drástico en sus formas de violencia. La tasa de homicidios aumentó en un 36,4 por ciento, distintas bandas se han rearmado en busca del control de barrios y la ciudad parece revivir la zozobra de tiempos pasados.