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Durante los primeros días de mayo la zozobra era generalizada y ningún analista se atrevía a vaticinar en qué terminaría la apretada carrera electoral. En menos de un mes, Antanas Mockus había subido 20 puntos en las encuestas, mientras que su contrincante parecía haber tocado techo y se ubicaba solo uno o dos puntos por encima del candidato del Partido Verde. Empate técnico, decían las encuestas.
El panorama no pintaba bien para las toldas uribistas y el 3 de mayo, Santos dio un golpe en la mesa. Convocó una reunión con significativas modificaciones en los cuadros principales de su campaña con Juan José Rendón, el asesor experto en publicidad negra, y los más prestigiosos asesores venidos de Estados Unidos.
”La labor de Rendón fue disciplinar el mensaje y profundizar que (Santos) es el candidato de Uribe”, analiza el estratega político Camilo Rojas. La alineación con el actual Gobierno, con un grado de popularidad superior al 60 por ciento, “es una estrategia muy buena e inteligente. La campaña tiene que ser muy elemental y mandar el mensaje concreto”, concluye Rojas quien asegura que lo importante es la percepción que tenga la ciudadanía al finalizar el mensaje y eso en el caso de Juan Manuel quedó muy claro, “los votos que obtenga él son votos que obtiene Uribe”.
Con la ayuda de los asesores internacionales empezaron las picardías. La primera de éstas fue una cuña con la imitación de la voz de Álvaro Uribe. Este acto despertó varias críticas que aseguraban que al utilizar un imitador para hacerle creer a la gente que era el Presidente el que hablaba, era lo mismo que se habría conseguido violando directamente la norma.
Desde el punto de vista puramente estratega la idea era simplemente una jugada muy hábil y que ya había sido utilizada en otras campañas. Así ocurrió en Chile, cuando varios artistas hicieron un anuncio en el que apoyaban al candidato Eduardo Frei. Su contrincante, Sebastián Piñera, convocó a varias personas muy parecidas físicamente a dichos artistas para que hicieran parte de una publicidad muy similar en el que apoyaban la candidatura de Piñera.
Desde entonces la palabra picardía fue utilizada en múltiples ocasiones y se convirtió en un símbolo de lo que se puede hacer con tal de alcanzar un objetivo. Radiografía de esto fueron los siguientes sucesos.
Los primeros días de mayo empezaron a aparecer vallas publicitarias que ofendían directamente a Antanas Mockus. En los avisos se veía la imagen de Chávez, Correa y el Mono Jojoy con Antanas Mockus mostrando el trasero en cuatro patas con la frase “Nos bajamos los pantalones y nos dan pu' el Q, vote Santos”.
El responsable fue el empresario del Meta Camilo Manrique quien habría pagado unos cinco millones de pesos por los avisos, y quien dijo que no estaba ofendiendo a nadie, que simplemente mostraba la realidad y justificó el hecho en que "hay que recordarle a la gente el pasado de 'pescas milagrosas', el Caguán y los secuestros". Días después el Consejo Nacional Electoral ordenaba el desmonte de esa publicidad.
La valla estaba basada en los rumores que empezaron a circular por entonces, sacando de contexto frases que dijo el candidato Mockus en los medios de comunicación. El analista Rodrigo Pardo explica que esta estrategia no influyó en el cambio de intención de voto aunque sí enturbió el ambiente y obligó a que la lupa se centrara sobre Antanas Mockus, quien tuvo que declarar en múltiples ocasiones sobre si él creía en Dios o no, sobre si era amigo de Chávez o sobre si extraditaría al presidente Álvaro Uribe.
El mensaje era claro. El cambio de la estrategia buscaba darle un segundo aire a la aspiración presidencial de Juan Manuel Santos y, de paso, encarar definitivamente a la campaña verde de Antanas Mockus, con temas polarizantes: con o contra Uribe (la extradición). El siguiente objetivo era robarle a Mockus el control de su imagen pública, jugándole a los prejuicios de la base: mostrar que no comparte los valores “colombianos” y por ende desprecia a las mayorías (ateo, admira a Chávez).
El último de estos episodios fue el rumor que se esparcía de boca en boca. “Que Antanas va acabar con el Sena”, o que “Mockus terminará con Familias en Acción”, fueron los mensajes más repetidos. Esto llevó al candidato del Partido Verde a firmar en una notaría un documento en el que declaraba que nunca terminaría con estos programas. Otra vez se desvió la atención.
La Segunda Vuelta, cambio de estrategia
Los resultados del 30 de mayo fueron una victoria anticipada para Santos y auguraban una derrota segura para Mockus. “El mensaje mejoró, la idea de llamar al abstencionismo y que los 3 millones de votantes consiguieran a tres personas más podrían conseguir la victoria. Sin embargo no fue disciplinado y se perdió con muchos otros mensajes”, asegura Camilo Rojas.
Por su parte, Juan Manuel Santos fue fiel a lo que dicta el manual. “La segunda vuelta está diseñada para convocar a todas las fuerzas que ya no participan de la contienda”, explica Rodrigo Pardo en referencia a lo que indican los expertos franceses, creadores de la Segunda Vuelta.
El Partido Verde hizo su campaña como “quien se hace camino al andar”, y el tibio cambio de estrategia no tuvo el tiempo suficiente para lograr el triunfo histórico que buscaron hasta último momento.
En cambio la campaña de Santos supo lo que tenía que hacer para ganar y no dudo en ningún momento en utilizar cualquier maniobra, al fin y al cabo como el mismo Juan Manuel Santos aseguró: “Cada uno hace la campaña como quiere”.