Para hacer efectiva la reforma política que se tramitó en el Congreso, que exige mayor responsabilidad política a los partidos, los conservadores reforzaron sus directivas de control interno. Con el ánimo de ahondar más en las investigaciones a los candidatos que deseen ingresar en sus filas el Partido se apoya en los Organismos de Control del Estado antes de otorgarles el aval.
Benjamín Higuita, secretario general, explica el modo de actuar: “si alguien desea contar con el aval hacemos un primer control interno. Posteriormente se espera a los informes que les solicitamos a todos los organismos de control y es entonces cuando se decide a favor o en contra”.
Una vez que la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría o algún otro órgano emiten el resultado de su investigación se procede a la negación o aceptación del candidato. Sin embargo, el partido se guarda una carta a su favor para poder expulsar en cualquier momento a uno de sus integrantes. El artículo 79 de sus estatutos estipula que “podrán expulsar del partido, revocar o negar el aval a los candidatos en aplicación del principio de ‘verdad sabida y buena fe guardada’”.
Por medio de este principio el partido se cura en salud, sabedor que en muchas ocasiones las investigaciones no se hacen de forma rigurosa o que los propios candidatos mienten para poder hacer parte de sus filas.