Democracia en Juego
Hace un par de meses en el periódico de Acore (Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares) comenzaron a aparecer artículos que hacían alusión a un nuevo movimiento político en gestación entre los militares retirados. El objetivo era que FUN (Fuerzas Unidas por mi País) se convirtiera en un partido con personería jurídica y compitiera en las próximas elecciones al Congreso.
A pesar del esfuerzo que lideraron oficiales en retiro, ex soldados, y familiares de militares por todo el país, la ilusión de convertirse en una fuerza política con luz propia, quedó frustrada: sólo recolectaron 35 mil firmas. Ante la insistencia de sus líderes de tener representantes dentro del Congreso decidieron tocar puertas en otros partidos.
El partido Alas les dio la bienvenida, pues en septiembre de 2009 perdió a su antiguo aliado, Equipo Colombia, que regresó a las toldas del partido Conservador. De la fusión Alas-Equipo Colombia liderada por dos pesos pesados electorales, Álvaro Araujo Castro en César y Luis Alfredo Ramos en Antioquia, que había conseguido cinco senadores y ocho representantes, solo quedó la personería jurídica. El partido contemplaba jugársela solo con las listas regionales de Cámara, pero decidieron hacer una alianza con los ex militares de FUN para que ellos presentaran listas al Senado por el partido.
Para el general (r) Rafael Samudio Molina, uno de los militares que impulsan el movimiento, esta alianza, que bien podría llamarse un matrimonio por conveniencia, es “estratégica y temporal”. Por eso mismo no es claro si actuarán en bancada con los candidatos de la Cámara de Alas.
El general (r) Rodrigo Quiñones, otro de los directivos de la FUN, le dijo a Votebien.com que en su colectividad sabían que algunos de los candidatos de la Cámara de Alas, apoyaban a aspirantes al Senado de otros partidos. Este es el caso de los apoyos que tiene José David Name de la U en el Caribe y Juan Carlos Rizzeto del PIN en Tolima. Quiñones añadió no obstante, que existía el compromiso de que una vez fueran elegidos, la bancada de Alas debía trabajar en bloque con FUN dentro del Congreso por la defensa y los derechos de la fuerza pública.
Para Alas, la alianza con el movimiento de reservistas también es estratégica, pues esperan que ellos les pongan los votos para alcanzar el umbral. Además, en palabras del Secretario general de la colectividad y candidato a la Cámara por Bogotá, Javier Pinilla, "a ningún partido le sienta mal contar con militares tan reconocidos".
En la plana mayor de las directivas de la FUN aparecen militares de tres soles pero que también han mojado prensa. Y aunque no son candidatos, algunos de sus dirigentes han estado en el centro de agudas polémicas, como el general (r) Rafael Samudio Molina , el general (r) Rodrigo Quiñones y el general (r) Javier Hernán Arias Vivas.
Samudio es tal vez el más conocido de todos, pues fue comandante del Ejército durante la toma del Palacio de Justicia y luego Ministro de Defensa durante el gobierno del presidente Virgilio Barco. La Fiscalía le abrió investigación en 2007 por su presunta participación en el secuestro y desaparición forzada de las personas que salieron con vida del Palacio de Justicia. En marzo de 2009 la Fiscalía decidió no vincularlo formalmente al proceso por falta de pruebas.
El general Quiñones fue comandante de la Primera Brigada de Infantería de Marina, y se retiró en 2003 en medio de cuestionamientos por su presunta responsabilidad en la masacre de Chengue. Un fiscal delegado por la Corte Suprema precluyó el caso a favor de Quiñones en 2005.
Quiñones también fue investigado y absuelto por la Procuraduría por la masacre de El Salado en 2004. Y diez años antes, había sido investigado por los asesinatos de más de 50 sindicalistas, periodistas, políticos, defensores de derechos humanos y otras personas en Barrancabermeja, pero fue exonerado por un tribunal militar. (ver artículo VerdadAbierta.com)
Otro líder del FUN, el general Arias Vivas, fue comandante de la IV División en Meta y Director de Inteligencia de las Fuerzas Militares. Fue uno de los oficiales que recomendaron a Marilú Ramírez, la presunta infiltrada de las Farc en el Ejército, para que hiciera un curso en la Escuela Superior de Guerra, según informó El Tiempo. Aunque reconoció que la conocía, Arias negó que le hubiera dado una recomendación escrita.
Ninguno de estos tres generales es candidato, pero han asumido el liderazgo de la FUN, que promueve la idea de que ellos mismos deben velar por la defensa y los derechos de los militares, según sus palabras, vulnerados como nunca antes por la justicia en los últimos años.
Paradójicamente, muchos militares sienten que este gobierno les ha exigido muchos resultados, pero los ha dejado solos a la hora de responder ante la Corte y Fiscalía por casos como los del Palacio de Justicia y las ejecuciones extrajudiciales, mientras que sus hombres han pagado un precio muy caro por la guerra que tienen que librar: 3.217 hombres lisiados por minas, 3.658 heridos en combate, 819 muertos por minas y 1.794 muertos en combate entre 2002 y 2010, según cifras oficiales.
Las tácticas electorales de FUN
La principal bandera electoral del FUN es la restitución del fuero militar para que los miembros de la fuerza pública no sean juzgados por la justicia ordinaria ni por la Corte Penal Internacional. "No queremos la justicia militar para que esconda las cosas, sino para que exista por fin el debido proceso y la presunción de inocencia para nosotros. No la presunción de culpabilidad. Yo estuve 9 meses preso y soy inocente," dice el coronel Víctor Hugo Matamoros, uno de los candidatos al Senado de la lista de ALAS.
Matamoros estuvo recluido en la cárcel de La Picota, señalado de haber facilitado el ingreso de los paramilitares al Catatumbo en 1999 para cometer la masacre de la Gabarra en Norte de Santander. Sin embargo, la Fiscalía precluyó la investigación a su favor, ya que encontró que el coronel no era responsable de esa área operacional y en cambio vinculó a otro oficial que había dado órdenes suplantando su identidad.
Como comandante de batallón de sanidad del Ejército, Matamoros trabajó en el hospital militar de San Cristóbal en Puente Aranda, y cree que el Estado tiene una deuda con los soldados lisiados que son "los verdaderos defensores de los derechos humanos en el país. Hay que crear unos dispensarios y centros de salud para reservistas y no privatizar el hospital militar," dice.
Otro ex oficial de alto rango en la lista de Alas al Senado es el coronel Jesús Bohórquez Mora, quien fue Director Nacional de Gaulas. "El Congreso debe estar legislando de manera contundente contra posibles agresiones externas, no hay legisladores que se preocupen por eso y la geografía nacional está amenazada," dice Bohórquez. También cree que hay que organizar el servicio social compensatorio como una modalidad del servicio militar obligatorio, para que los jóvenes puedan escoger entre el Ejército o servir en la defensa civil, como bomberos, guardabosques, o maestros en las veredas.
Otro de los proyectos de ley que la FUN quiere presentar en el Congreso es que la negociación con los grupos armados ilegales se convierta en un imposible para cualquier gobierno, al convertir la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe en una ley de Estado. "La seguridad es un derecho nacional y no un fervor presidencial, estamos viendo como lo embarcamos en una ley," dice el General Samudio. También agrega que desde el Congreso van a denunciar a los abogados de derechos humanos porque, según ellos, le han hecho mucho daño a los militares.
Reivindicar el desprestigio actual de las fuerzas armadas ha sido una de las labores que ha realizado el candidato más joven dentro de la lista al Senado, Alberto Acosta. Acosta no prestó servicio militar, tiene 30 años y es un ingeniero de sistemas de la Universidad de los Andes.
Como líder estudiantil y miembro de las juventudes conservadoras conoció a las familias del general Rito Alejo del Río y del coronel Alfonso Plazas Vega. Dice que ellos le abrieron los ojos para mostrarle que había una ofensiva mediática en contra de los militares. Por eso junto a Plinio Apuleyo Mendoza y Fernando Londoño, Acosta ha emprendido la defensa de estos militares organizando marchas como líder de una coalición de movimientos juveniles de derecha: Resistencia Nacional, Vanguardia Nacional y Alianza Patriótica.
Por su liderazgo en la defensa de los militares, la FUN le propuso que fuera candidato de Alas al Senado y ahora es el número 10 de la lista. En su grupo en Facebook (que tiene 1.097 miembros) se presentan sus ideas y su “alternativa anti-socialista”, que busca también “la muerte política para miembros y ex miembros de la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo, y partidos comunistas/socialistas”.
La estrategia de FUN era armar una lista representativa, no solo con oficiales retirados (aunque hay más de 10), sino también con sargentos, policías, y hombres y mujeres más jóvenes que apoyan a las Fuerzas Armadas.
Una de las mujeres de la lista es la abogada Claudia Barón Gómez, cuyo padre es José Miguel Barón, un oficial del ejército que se retiró en el grado de mayor, al igual que su hermano Pablo Miguel Barón. Ella trabajó en el Congreso asesorando a representantes en la Comisión II, que tiene a su cargo los temas de defensa y seguridad del Estado. Barón es cristiana y dice que representa a feligreses de la Iglesia Filadelfia. Una de sus propuestas es que se permita a las familias militares permanecer unidas. "Hay muchos hogares que se desmiembran porque los militares que se casan no pueden compartir la misma guarnición y siempre es a la mujer a la que le toca declinar su vocación. Propongo que las parejas puedan compartir la misma guarnición," dice Barón.
Facciones en la reserva
El analista militar, coronel Gustavo Laino Moreno, le dijo a Votebien.com que la reserva activa tiene dos opciones: votar masivamente por candidatos que estén capacitados para la defensa de sus derechos o, correr el peligro de elegir a quienes no tienen ninguna intención o empeño en la defensa de las Fuerzas Militares.
El problema es que entre la reserva hay diversas asociaciones que no toman parte de la contienda electoral debido a divergencias internas. “Pero a puerta cerrada reconocen que se debe apoyar a nuestros compañeros aspirantes al Congreso," dice Laíno.
Una de estas asociaciones que no comparte la iniciativa de FUN ni la alianza que hicieron con Alas es Analvet (Asociación Nacional de Veteranos), creada hace tres años y que cuenta con 5000 afiliados. Tiene el apoyo de las centrales obreras CGT y Fetraboc. Su presidente, el capitán de la Armada Juan Alfonso Fierro Manrique decidió lanzarse como candidato al Senado, pero por el Partido Liberal. Lo acompaña en llave, el capitán de Navío Gabriel Conde.
Fierro dice que no le ve posibilidades a FUN de cruzar el umbral de 250 mil votos. "Ellos no están representando a la reserva, ni siquiera pudieron completar la lista de 100 candidatos al Senado que les regaló Alas, porque no tienen con quien," afirma. No quiso adherirse tampoco a la lista porque no le parece seria la alianza con Alas. "Qué vergüenza tener el aval de un partido que ha sido refugio de parapolíticos y cuyo cabecilla estuvo preso en La Picota”.
Fierro participó hace cuatro años en las elecciones al Senado con el aval del Partido Liberal y aunque no salió elegido, obtuvo 1650 votos, la mayoría en el Caribe. Dice que su movimiento también tiene respaldo del gremio de guardias del Inpec, las compañías de vigilancia y de reservistas.
Dentro de sus propuestas están la aplicación efectiva de la Ley 4 de 1992, que habla de la nivelación salarial para activos y retirados de la fuerza pública. Según Fierro “ésta solamente se ha cumplido para generales, y eso baja la moral de las tropas."
Según César Castaño Rubiano, analista e historiador militar, el interés de los miembros de la reserva activa de las fuerzas militares por la política no es algo nuevo, pero históricamente han apoyado a candidatos de los partidos tradicionales. Pero la idea de organizarse en un movimiento propio es algo revelador. “Ese es un buen comienzo”, reconoce Castaño, “aunque necesitan de mayor formación en el manejo político, y el desarrollo de un trabajo permanente en el cual se fortalezcan liderazgos, evitando imposiciones de grado o jerarquía que alejen a sus compañeros de armas y trunquen las aspiraciones de valiosos soldados y ciudadanos que desean seguir sirviendo al país”.