NoticiasLa hegemonía conservadora, que marcó medio siglo de la historia de Colombia, se acabó en 1930 cuando el partido llegó dividido a la elección presidencial. El liberal Enrique Olaya Herrera les ganó a dos godos que entre ellos sumaban más votos que él.
El dato viene a cuento porque la semana pasada se empezó a dar un conato de división en las toldas azules, que si bien no tiene las dimensiones de la anterior, tal vez pretende un efecto similar: hacer que Noemí Sanín falle en su intento de ganar la Presidencia en nombre de esta colectividad. Sería una paradoja que el Partido Conservador se divida precisamente ahora, cuando por primera vez desde el Frente Nacional llega con un candidato propio a las elecciones presidenciales y con opciones reales de pasar a la segunda vuelta.
Hasta ahora todo parecía ir sobre ruedas. Su partido se ha vuelto a poner de moda, se convirtió en la segunda bancada más poderosa del Congreso y cerró la buena racha con broche de oro en una final de infarto en la consulta interna del partido, en la que la ex embajadora derrotó al ex ministro Andrés Felipe Arias por apenas 37.777 de casi tres millones de votos depositados.
Pero el miércoles de la semana pasada, apenas cinco días después de que Sanín fuera proclamada triunfadora, comenzaron a sonar las alarmas. Una de las vacas sagradas azules, Carlos Rodado Noriega, dejó su cargo como embajador de Colombia en España para convertirse en jefe de debate de Juan Manuel Santos, el candidato del Partido de la U y gran rival de Noemí en la contienda por la Casa de Nariño.
El temor a que por esa vía se escurrieran muchos otros conservadores a la campaña de Santos se hizo evidente con la fuerte reacción del ex presidente Andrés Pastrana, quien madrugó a dar declaraciones el viernes para criticar la partida de Rodado y hablar incluso de expulsión, y con la resolución que expidió el director del partido, Fernando Araújo, en la que lo conminó a volver al partido. "Carlos Rodado ha dado un mal ejemplo, pero antes de tomar cualquier medida le hacemos un llamado para que regrese", dijo el ex canciller.
Se desató todo un debate mediático que a la que menos favorece es a la propia Noemí Sanín. Rodado dijo el jueves que no le podían aplicar "disciplina de perros". Y curiosamente, un día después, Andrés Felipe Arias utilizó la misma expresión para referirse a la resolución que expidió el partido. ¿A qué viene esa coincidencia?
La aparente firmeza con la que Andrés Felipe Arias dijo acatar el triunfo de Sanín en la consulta interna se desvaneció al cierre de la semana pasada. Aunque en teoría seguía insistiendo en que obedecía el resultado de las urnas, en la práctica no ha sido así. El paquete completo implica apoyar la candidatura de Noemí, y Arias no solo se negó a decirlo así, sino que se encargó de tender un manto de duda al respecto con una cadena de comunicados erráticos. El mismo viernes, desde su oficina enviaron un comunicado a los medios en el que el ex ministro les pedía a los parlamentarios que votaron por él en la consulta apoyar a Noemí. Unos minutos después llegó otro mensaje pidiendo que hicieran caso omiso del anterior enviado por error por una secretaria. Y más tarde remitieron el último en el que se omitía la solicitud de apoyo a Noemí.
Para rematar la faena, al anochecer del viernes el propio Juan Manuel Santos metió la cucharada y envió un mensaje público para invitar "al Partido Conservador y a los conservadores de la base" a unirse a su campaña. Y como un dardo envenenado a las huestes pastranistas anotó: "Nunca abriremos la puerta para repetir la oscura pesadilla del Caguán".
El caso de Rodado puede convertirse en el florero de Llorente de una rebelión dentro del partido. O si se quiere, la mejor excusa de una estrategia de los uribistas para llevarse los votos godos a la U. En ese tono revoltoso, además de Rodado y de Arias, están otras figuras del conservatismo como Enrique Gómez Hurtado, quien se mostró bastante molesto por la resolución del partido. "Yo estoy completamente desconcertado". Y recordando momentos difíciles de la campaña dijo: "(Noemí) nos acusó a todos de ser cohonestadores de un robo a los campesinos colombianos".
En términos de maquinaria del partido nada está claro. Otros dirigentes conservadores consultados por SEMANA, como Efraín Cepeda y Ómar Yepes, dicen no ser partidarios de las sanciones con las que amenaza el partido, pero tampoco comparten la decisión de Rodado de abandonar las filas en este momento crucial: "Lo que está pasando es que la gente está cargada de oportunismo; hoy son una cosa y mañana son otra", dijo Yepes. En la Semana Santa se seguirán moviendo las fichas azules. Y en la semana de Pascua se llevará a cabo el congreso conservador. Allí se debe ratificar que la gran mayoría del Partido está con Noemí.
¿Qué dice la encuesta?
Una cosa es lo que decida el aparato y otra el camino que tome la opinión. El voto amarrado para las elecciones presidenciales no suele ser el definitivo. En la encuesta de la alianza de medios que publica SEMANA, por ejemplo, es evidente que la pertenencia a un partido no garantiza el voto de sus seguidores. Rafael Pardo, el candidato liberal, tiene el 4 por ciento de la intención de voto, a pesar de que el 24 por ciento de los encuestados dice ser del Partido Liberal.
Los resultados de las consultas internas tampoco garantizan que automáticamente esos votos se giran para el mismo candidato en la primera vuelta presidencial. De los que votaron por Noemí Sanín en la consulta, el 44 por ciento dice estar dispuesto a votar por ella en la primera vuelta. Y solo el 9 por ciento de los que votaron por Andrés Felipe Arias va a votar por ella. A pesar de que, en teoría y por disciplina de partido, deberían volcarse sobre la candidata ganadora. Y lo más diciente es que el 62 por ciento de los que votaron por Arias dicen que van a votar por Juan Manuel Santos. Eso no quiere decir que sean conservadores desobedientes. También puede ser que se trate de seguidores de la U que votaron en la consulta conservadora con el ánimo de que ganara Arias, pues este se mostraba más dispuesto para llegar a un acuerdo con Santos que eventualmente les permitiría ganar en primera vuelta.
Y quizás el dato más sorprendente es que el 32 por ciento de los que votaron por la ex canciller en la consulta interna del Partido Conservador piensan votar por Santos en la primera vuelta. ¿Cómo se explica? Puede ser simple voto contra Arias o puede reflejar también la expresión de conservadores uribistas de los que se arriman al sol que más calienta. Y por ahora Santos parece tener la sartén por el mango.
Pero así como a Noemí se le pueden escapar votos conservadores, también es cierto que en la primera vuelta, y aún más en la segunda, en caso de que pase, se podría convertir en factor de cohesión de votos independientes o incluso de opositores que pueden encontrar en ella una versión uribista más cercana a sus intereses.
Eso se hace evidente en la encuesta cuando se pregunta sobre cuál sería la segunda opción de voto de cada uno de los entrevistados. Noemí recoge el mayor porcentaje, el 15 por ciento del total, seguida por Antanas Mockus con el 14 por ciento y Germán Vargas Lleras con el 13 por ciento. Y en una eventual segunda vuelta entre Santos y Noemí, ella alcanzaría el 30 por ciento de los votos.
En los próximos días se definirá este duelo entre el ala más uribista y la menos uribista del Partido Conservador. De la manera como Noemí juegue sus cartas se decidirá la partida. En particular si logra, como lo intentó en el debate de televisión, convencer al electorado de que ella también es una genuina heredera del uribismo.