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La jornada se antoja larga. La agenda, que el día anterior ha sufrido varios cambios, dispone que la candidata del Partido Conservador, Noemí Sanín, deberá estar en pie a las 6:30 am y prevé que a las 9:30 de la noche estará de vuelta en su apartamento de Bogotá, después de una larga correría por el departamento de La Guajira. El itinerario es ambicioso y resulta imposible cumplir. Noemí terminará el jueves13 de abril durmiendo en el Hotel de la Mina del Cerrejón poco antes de la medianoche.
La Guajira es tierra de mujeres, tradicional en sus costumbres, de serios problemas fronterizos y con un creciente sentimiento contra la gestión del presidente Uribe. Estos factores resultan favorables para la visita de la única mujer candidata a la Presidencia, que se presenta como una conocedora de las relaciones internacionales y que en su discurso ha mantenido algunas distancias con el uribismo.
Es medio día ya y un sudoroso termómetro marca 32 grados. La gente que espera a la candidata en el Parque de las Delicias, el más representativo de San Juan del Cesar, se impacienta y algunos se retiran para almorzar. El calor también es inclemente en el interior de la avioneta en la que viaja la candidata. Allí todos sudan, el aire acondicionado no funciona. Noemí apoya el brazo sobre uno de los reposa brazos y este se desploma. La situación se vuelve aun más surrealista cuando el piloto pregunta: ¿dónde aterrizo? En tierra los militares proceden a dar las coordenadas de la pista y finalmente la avioneta llega a su destino.
A la 1:40 pm (dos horas después de lo planeado) ‘la Cotorra’, apodo de Ana Cecilia Fuente, periodista de la región, quien hace las veces de anfitriona, anuncia que la “próxima presidenta ya está en tierra guajira”. A su llegada a San Juan, una comitiva organizada por los líderes políticos ‘azules’ de la región esperan a Noemí Sanín. Según los organizadores 200 carros llegados de los municipios de La Jagua del Pilar, Urumita, Villanueva y El Molino, escoltan la caravana.
En medio del polideportivo hay una improvisada tarima, una mesa para el disc jockey, decenas de globos azules y blancos y, mal contados, 200 asientos. De fondo se escucha el jingle promocional de la candidata que a ritmo de vallenato se repite. “No más tran tran, Noemí ganará/ es hora que una gran mujer sea Presidenta y cambie las cosas / no más tran tran, Noemí ganará”.
Ese es el mismo mensaje que pronuncia la candidata ante las 300 personas que han venido a verla. “Los ciudadanos deben salir a votar porque la verdadera encuesta es el 30 de mayo”, les dice. “Esta es mi verdadera encuesta”, le responde la candidata a un periodista, señalando al público.
En medio de vivas, Noemí pide un pañuelo para secar el sudor y luego baila un par de vallenatos. Después de charlar con algunos líderes de la región, Noemí sale hacia la pista de la mina en el Cerrejón donde toma el avión que la llevará a Maicao.
Otro grupo del equipo de Noemí comanda la avanzada por tierra. El recorrido San Juan del Cesar hasta Maicao es aprovechado para hablar de política y para pasar revista de los asuntos más relevantes del departamento.
“En la costa las cosas son muy distintas al resto del país”, explica José Manuel Daza, miembro del directorio conservador de La Guajira, quien aprovecha para hablar sobre la ‘Ola verde’ y el fenómeno Mockus. “Aquí no sirve ese discurso de lápices y de hacer el bien al prójimo. Aquí la gente necesita oír que ‘Familias en Acción va a continuar, que se va a restablecer el comercio con Venezuela y que se tomarán medidas contra el contrabando”, asegura.
En La Guajira, la maquinaria política funciona tal y como los políticos quieren que funcione. Para el día de las elecciones, varias camionetas están listas para recoger a los votantes que viven lejos de los puestos de votación. Comandadas por un ‘cacique’ o un ‘teniente’, los carros salen desde muy temprano y a medida que van recogiendo a los pasajeros se les ofrece sancocho y ron. Una vez en el puesto de votación, los ‘tenientes’ organizan un ‘puesto de información’ que aconseja por quién votar. Así se mueve a los votantes.
Anas Arika Noemí
Noemí, escoltada por tres carros de la policía y del ejército llega a la ranchería La Paz, en la que viven cerca de 400 personas, la más significativa de La Guajira. “Anas Arika” (buenas tardes), la saluda Marcos Iguarán, indígena Wayúu quien fue Representante a la Cámara. Después de la bienvenida se inicia la ceremonia. Majau, la princesa de la comunidad, le da el recibimiento a la candidata y le entrega una manta Wayúu. Para el almuerzo hay chivo y gallina, una gran comilona que sirve para alimentar a todos los invitados. El tiempo apremia y Noemí no tenía contemplado participar del banquete. Sin embargo, los organizadores le recomiendan que esta invitación no se puede rechazar.
El rostro de Noemí engaña al cansancio. La candidata luce como si el día acabara de empezar. Todos esperan las palabras de la invitada y ella no se hace esperar. “A los Wayúu y a nosotros los Iguarán no nos derrotan las encuestas porque el 30 de mayo cada uno decide”, dice.
Envestida con la manta Wayúu, Noemí promete que en caso de ganar las elecciones, el próximo 7 de agosto se posesionará con esa vestimenta. El otro pacto fue asegurar que habría un Wayúu en la diplomacia con Venezuela. “Hay que respetar la esencia de los Wayúu dentro de la prosperidad, porque es una comunidad justa, espiritual, de respeto y que por saber de valores puede ayudar a salvar el país”, agregó.
La opción de tener una mujer en la Presidencia es una ilusión por la que las guajiras quieren luchar, cueste lo que cueste. Tanto así que las mujeres del corregimiento de Los Pondores, han amenazado a sus maridos. Si no votan por Noemí el 30 de mayo, se pueden olvidar de volver a tener relaciones sexuales con ellas.
Con la caída del sol, termina la visita a la ranchería. Todavía faltan dos plazas por visitar y debido al retraso de tres horas, llegan noticias de que la gente está abandonando las concentraciones.
Contrabando y politiquería
Desde la ranchería hasta Maicao hay poco menos de media hora. En el camino se ven varios carros cargados con combustible ilegal. La venta de gasolina en la región se ha convertido en una de las principales actividades económicas para los guajiros. En una gasolinera oficial se encuentra un galón por 4.000 pesos mientras que en la calles, los puestos de contrabando la venden por 1.600 pesos. Esta es una realidad que la candidata no puede ignorar en su discurso cuando llega a Maicao. Pero con su característica diplomacia lo plantea de otro modo.
“Los comerciantes de Maicao tienen mucho que enseñar al resto de colombianos, porque no por ser fronterizos son contrabandistas y porque hay que entender la frontera con estatutos especiales y reglas que se cumplan para trabajar juntos”, asegura la candidata a su llegada. “En Maicao cierran los bancos porque se lavan dólares sin que haya soluciones mediante estatutos especiales que sirvan a la economía y al empleo de la región y de sus habitantes”, exclama y sale en un abrir y cerrar de ojos para Rioacha.
En la carretera sólo alumbran las luces de un peaje, de la empresa Valorcom, propiedad de la familia del senador conservador Roberto Gerleín. En la caseta el conductor de una de las comitivas de Noemí no desaprovecha la oportunidad para hacer propaganda a la candidata azul y al finalizar le pregunta a la mujer que atiende el peaje ¿por quién vas a votar? La respuesta que le dan no lo complace y este termina asegurándole a la señora que es mejor que su patrón no se entere de sus preferencias si no quiere que la echen.
La última plaza resulta ser la más entregada. Pasadas las 8.30 de la noche los asistentes reciben a Noemí, después de varias horas de retraso. El ambiente es festivo y el vallenato no ha dejado de sonar desde que se instalara la tarima. En el escenario un niño de 12 años se roba el espectáculo gracias a su habilidad con el acordeón. Noemí no duda en ponerse a bailar y a alentar al público: “¿Donde están mis mujeres? ¿Dónde están mis encuestas? ¿Dónde están mis hombres?”, exclama.
La jornada está cercana a concluir y tanto coordinadores como copartidarios se apresuran en sacar un balance. “Esto no lo ha hecho ningún candidato, nadie ha reunido tanta gente. Santos no trajo ni 300 personas en todos los actos”, aseguran varias voces que creen que la jornada fue un éxito. A pocos días de las elecciones y con las encuestas en su contra resulta muy importante transmitir un mensaje triunfalista.
Después de una hora, ya son pocos los que quedan en el lugar, sólo el grupo de personas más cercano a la candidata. Sin tiempo para mucho más y antes de medianoche, Noemí llega al hotel de la Mina del Cerrejón. La mina de carbón más grande a cielo abierto.
Antes de dormir siempre hay tiempo para buscar convencer a una última votante, a una mujer más y pedir que en el nombre de la mujer le den la oportunidad de terminar con la discriminación, fortalecer a la familia y de paso la posibilidad de ocupar por primera vez la Presidencia de Colombia.