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Faltaba un día para el cierre de campaña y los seguidores del rojo liberal dicen que lo último que se pierde es la esperanza. No les importan las encuestas y menos que la competencia ‘verde’ concentre el voto de opinión. “No votamos por encuestas; creemos en propuestas”, repiten con voz enérgica un grupo de 15 jóvenes que madrugaron el sábado a las 5 de la mañana para cumplirle la cita al partido.
Los muchachos pegan los afiches en las camionetas, se ponen las camisetas y las manillas que los distinguen como “rojos”. Gustavo Becerra, un estudiante de cabellera larga que no se cansa de hacer muecas, improvisar chistes y animar a sus compañeros da la orden a los demás: “Vamos a ensayar”. Y canta por el megáfono: “Rafaelito nos debe gobernar. Y yo le sigo le sigo la corriente, porque yo quiero que diga la gente, que Rafaelito nos debe gobernar”… “Na, na, na, na, na, na, Pardoooooooooooo, Pardooooo, Pardoo”.
Las dos camionetas parten a las 8:14 de la mañana desde el centro de Bogotá con rumbo al norte, donde se consolida la caravana con cinco carros más que emprende un recorrido por la sabana, donde las montañas son tupidas, las vacas lanudas, las rosas crecen entre invernaderos y los campesinos venden madera inmunizada. El primer destino, de cinco municipios que recorrerá la comitiva del candidato ese día, será Zipaquirá.
Pardo se adelantó a los 49 kilómetros de camino para desayunar en un restaurante del municipio. Viste un jean desgastado, camisa blanca, correa marrón, mocasines grises y una chaqueta del color de su partido. Esta listo para comenzar la correría.
‘Trapo rojo’
“Buenos días, ¿cómo le va?”, es la entrada para saludar a los vendedores, emboladores y ancianos que se encuentra por las calles. Uno de ellos es don Roberto Briceño, un hombre oriundo del municipio de Fómeque, que a sus 75 años demuestra ser liberal de pura cepa, portando un sombrero de color rojo. Así como él, los más viejos del pueblo se acercan al candidato para darle la mano, tomarse una foto y escuchar los discursos del senador Juan Manuel Galán y del representante Joaquín Camelo, que lo acompañan.
Pardo es tímido, no es de los que reparten besos y abrazos, y cuando se sube a una tarima no grita con euforia. Sin embargo, a la hora del discurso Pardo no se sonroja para lanzar duras críticas al gobierno o a los otros candidatos. “El gobierno continuista no funciona. No vamos a ratificar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea, mientras no se proteja al campesinado. Como está formulado, ese tratado arruinará a los ganaderos y lecheros del país. El gobierno lo firmó sólo para aparecer en la foto”, dice Pardo ahora desde el parque del municipio de Cajicá.
Sus análisis y críticas lo han convertido en un político respetado y muchos consideran que es de los candidatos mejor preparados, pero Pardo no ha logrado despertar la pasión entre los votantes que veinte años atrás sí despertaba el Partido Liberal. En Zipaquirá, en Cajicá y ahora en el centro histórico de Chía, cuando ya es mediodía, el candidato parece sólo interesarle a los mayores.
Los más acérrimos defensores del ‘trapo’ rojo en este pueblo son un grupo de señores, que se les brotan las venas de las sienes cada vez que gritan “viva el Partido Liberal”, con una voz ronca. Ezequiel Alfonso, de 80 años, está desbordado de la emoción porque ya saludó al candidato. “Soy liberal de los puros puritos. Creo que Pardo es el más idóneo para guiar al país. Así quede en la cola, mi voto es por él”, explica Alfonso. A don Pedro Góngora, otro de los hombres de antaño del pueblo, se le ve feliz saltando entre los jóvenes: “Y dale… y dale rojo dale… y dale Pardo dale”, grita Pedro con emoción mientras el candidato se despide.
A lo largo del día es notoria la acogida de personas mayores de edad, como si sus potenciales votantes solo fueran los que se consagraron hace más de 60 años como militantes del rojo. Pero Pardo no cree que eso sea así. “En nuestro partido hay espacios para los jóvenes, que no los hay en otros partidos”.
Antes de partir hacia Soacha, el candidato recibe unos lirios naranjas de manos de la dueña de una floristería. Alguien le dice que ese color no, y es cuando el candidato le responde: “Mejor éstas”, y empuña un ramillete de claveles rojos. Es hora de partir. El candidato deja Cajicá para llevarle flores a la tierra que vio por última vez vivo a Luis Carlos Galán Sarmiento.
Recordando al nuevo liberalismo
A las 12:40 de la tarde la comitiva viaja hacia Soacha, una pequeña Bogotá que alberga a 500 mil habitantes. El clima cambia y las nubes advierten un chaparrón. Llueva o no, quien no se deja cambiar el ánimo es Luis Eduardo Agredo, un hombre alto que grita vivas al liberalismo mientras toca un enorme tambor. Le dicen el ‘guri-guri’ porque trabajó como actor extra para Calamar, la famosa novela de los años noventa dirigida por Bernardo Romero Pereiro. Es un personaje en la campaña, tan hincha como Rafael Pardo del Independiente Santa Fe, y es el principal animador del salón comunal al que llega la comitiva.
La edil Luz Marina Velásquez, la ex alcaldesa de Sibaté Ana Leonor Gantívar y los concejales Marco Fidel Torres y Arcadio Carvajal anteceden el discurso del candidato ante un público de 300 personas, la mayoría de ellas mujeres.
“¿Buenas tardes? ¿buenas tardes?” Saluda el candidato subido sobre una silla plástica para que todos lo vean mejor. Pardo tiene claro cuál será su próximo lance: “Aquí nadie vino obligado. Nosotros vamos a continuar con el programa de Familias en Acción. No lo vamos a quitar porque esa propuesta nació de un gobierno liberal”. El comentario viene a colación, tras las denuncias de que el Partido de la ‘U’ hace proselitismo presionando a las madres beneficiarias de estos subsidios.
Cuando Pardo termina su discurso enfocado en su lema “Vamos a hacer una Colombia justa”, invita a los asistentes a un acto simbólico. Recorre las principales calles que conducen a la plaza principal y allí, en compañía de Juan Manuel Galán, pone un arreglo floral en memoria de las víctimas de la violencia, y del jefe del Nuevo Liberalismo que murió por las balas que silenciaron su discurso de renovación política en ese mismo lugar hace dos décadas.
Luis Carlos Galán Sarmiento simbolizaba la nueva política dentro del liberalismo oficial, y su movimiento quería marcar distancia de la infiltración de sectores mafiosos dentro de los partidos tradicionales que empezó hacia finales de los ochenta en el país.
Este ha sido un factor que ha pesado para que el partido Liberal haya perdido prestigio entre los votantes, especialmente entre los jóvenes en los últimos años. Luego del escándalo del proceso 8.000 y de nexos de algunos de sus dirigentes con el paramilitarismo, el partido ha quedado malherido y eso ha afectado la candidatura de Pardo, así él represente precisamente la política seria, de respeto a la democracia y sus instituciones.
Por eso ha sido tan controversial que él haya otorgado algunos avales a candidatos al Congreso como Arleth Casado, de Córdoba, la esposa del ex senador Juan Manuel López Cabrales condenado por parapolítica, que en las pasadas elecciones fue elegida como congresista con 111.752 votos. También se le ha criticado el aval a Pedro Muvdi, del Cesar, quien ha sido señalado por el ex paramilitar Jairo Hernández, alias Centella, de tener presuntos vínculos con los paramilitares del Bloque Norte.
Pardo se defiende. “Me parecen injustos los cuestionamientos. Arleth no tiene investigaciones. ¿Por qué los medios no han hecho la misma pregunta sobre Dilian Francisca (Toro, del Partido de la ‘U’), que sí tiene una investigación?”
El candidato no se molesta por la pregunta y muy tranquilo vaticina que la polémica del próximo Congreso no será por parapolítica, “sino por la financiación ilegal del gobierno”. A buen tiempo, reconoció alguna vez, se retiró de las filas del uribismo mientras era senador cuando se dio cuenta que la negociación con los paramilitares no era la adecuada y en el último debate dijo que, por fortuna, muchos liberales que representaban el clientelismo y la politiquería se habían ido en desbandada para el Partido de la ‘U’.
“El Partido Liberal tiene 163 años de existencia. Este no es un partido que nació en las alfombras de la Casa de Nariño, este no es un partido de garaje, este no es un partido que nació en La Picota. Este, es un partido serio”, dice el candidato desde un improvisado balcón, ahora desde Fusagasugá. Allá lo acompañan el diputado Luis Cifuentes Sabogal, el representante José Joaquín Camelo y William García Fayad, quien se lanzó a la Cámara pero se quemó.
El ambiente es festivo, las 150 personas que están reunidas escuchan con atención al candidato, los jóvenes se han tomado los pisos superiores para gritar por el megáfono y hacen ondear las banderas de la ‘L’.
Última parada
Ya son las 8:20 de la noche y el clima cambia. Del sol picante en Zipaquirá a la lluvia de Soacha, la campaña remata en el húmedo y caluroso Girardot. El candidato llega directamente al centro, donde un periodista le pregunta: “Doctor Pardo, acaba de salir la última gran encuesta y usted sólo tiene el 3% en intención de voto. Usted qué piensa de eso?” Pardo le responde con mesura: “Eso no puede ser así, no es lo que hemos visto en nuestro recorrido. Lo cierto es que no habrá Presidente en la primera vuelta”.
Una retreta típica de pueblo lo acompaña hasta la entrada del Concejo donde el candidato repite su propuesta: promete un ahorro mensual a los trabajadores informales. “El trabajador pone $3 mil y el Estado $18 mil cada mes, de manera que tengan una pensión garantizada”. También promete una reforma a la Ley 100 de salud, la construcción de 2 millones de viviendas de interés prioritario, el desarrollo de la Ley del Primer Empleo y la eliminación de las cooperativas de trabajo asociado.
El reloj marca las 9:30 de la noche y el candidato se sube a la camioneta que lo llevará de regreso a Bogotá. Aunque sus ojos lucen por lo general cansados, durante el trayecto no da señales de somnolencia. Sólo refresca sus ojos con un par de gotas, mientras sostiene la charla. “Parece cuerpo glorioso”, comenta un colaborador, refiriéndose a que durante el día el candidato come poco. Lo que si no puede faltarle es el maní, que come con gusto y comparte con su equipo en el viaje.
Pardo no lo acepta públicamente. Pero en voz baja quienes conocen de política como él, saben que pese al esfuerzo y a su trayectoria no llegará esta vez a la Presidencia de la República. A la campaña le han atribuido como “errores” plantear tempranamente alianzas, modificar el tradicional logo del partido por eles multicolores y cambiar tardíamente el eslogan de “El siguiente paso” por “Vamos a hacer una Colombia Justa”.
El candidato presidencial del Partido Liberal, quien fue elegido en esta aspiración con más de 376 mil votos en la consulta interna, está pensativo. Restan unos minutos para que sea domingo 23 de mayo, el último día en que puede hacer campaña en plaza pública. Sólo este 30 de mayo, cuando se conozcan los resultados de los votantes, se sabrá qué tanta fuerza tiene aún el Partido Liberal.