¿Quiere comer gratis? Un restaurante de carretera en Texas lo desafía a devorar un bistec del tamaño de una guía de teléfonos en una hora. Si lo consigue, la comida le sale gratis. Asumimos el reto.
Comer por deporte
Por mucho que uno se diga a sí mismo que se trata sólo de una competencia, en el momento en que uno sube al escenario es cuando se da cuenta de lo que se le viene encima.
Mientras me preparaba para consumir un bistec de más de dos kilos en menos de una hora -junto con un cóctel de camarones, un pan, ensalada y una papa al horno- sentí una perceptible rigidez de los músculos abdominales. Esta sensación se me hizo lamentablemente constante en los días que siguieron.
El reto del bistec, en el Big Texan Steak Ranch, situado en Amarillo, Texas, parece ser una reliquia del Estados Unidos de Dwight D. Einsehower, ese desaparecido país de la abundancia sin límites que floreció en la década de 1950, antes de que sus ciudadanos conocieran la inflación, la obesidad y la OPEP.
Se trata de la brillante invención de un showman, Bob Lee, quien tenía la necesidad de atraer a la primera generación de automovilistas que hacían largos viajes por las crecientes redes de carreteras del país, que los llevaban de vacaciones cada vez más lejos, hacia el horizonte de la prosperidad estadounidense.
En esos días, cerca de 1960, todavía había vaqueros trabajando en las duras tierras de la angosta faja tejana. Parte de la respuesta fue una sensata oferta de cerveza gratis para persuadirlos a comer y beber en el nuevo restaurant a la vera del camino.
Esto significaba que los turistas que se aventuraban por los polvorientos llanos de la vieja Ruta 66, se encontraban, de pronto, tomando parte en los románticos mitos del Lejano Oeste por el precio de un bistec.
Sin embargo, el desafío de los US$72 se convirtió prontamente en el principal atractivo y cuenta con publicidad hacia el este y el oeste, a lo largo de la carretera. Entre unas 40 mil a 50 mil personas han asumido el reto desde que fuera puesto en oferta por primera vez.
La proposición es la simplicidad misma.
Usted paga US$72, por adelantado, por su comida, y si es capaz de deglutir un bistec gigante - y su acompañamiento - en menos de una hora, se le reembolsa el dinero.
En Texas, por supuesto, la tierra del espectáculo, la transacción no se lleva a cabo en una mesa discreta, oculta a la mirada ajena. Hay que cumplir en una plataforma elevada, en la mitad de un comedor capaz de acomodar probablemente a unos 500 comensales delante de un contador digital.
Récord de nueve minutos
Y si le preocupa que la posibilidad de ser humillado quede confinada a la gente que comparte la sala con usted, hay una cámara digital que envía imágenes suyas a todo el mundo.
En caso de ganar, uno no sólo recibe el dinero de vuelta, sino que logra una extraña especie de inmortalidad que, con un poco de suerte, durará algo más que la indigestión.
Unas 8.000 personas han triunfado en el empeño, entre las que se incluyen un niño de 11 años y una mujer de 69.
El récord actual fue establecido, a principios de año, por un hombre que come a alta velocidad para ganarse la vida, Joey "Mandíbulas" Chestnut, quien devoró toda la comida en menos de nueve minutos.
Al parecer, podría haberse demorado menos si la papa al horno hubiera estado menos caliente.
Un luchador llamado Klondike Bill (quien ya no se encuentra en este mundo) completó el desafío dos veces en el plazo de una hora.
Para poner las cosas es perspectiva, un bistec de dos kilos tiene el tamaño de una guía de teléfonos de una ciudad grande y hace su aparición en un plato en el que parece una oreja de elefante al grill.
Cuando en el Reino Unido había racionamiento de alimentos, durante la Segunda Guerra Mundial, éste era el total de carne adjudicada -por semana- a una familia de cuatro personas.
El intento de responder al desafío produce una serie de extrañas reacciones. Los que lo hemos hecho podemos hablar con conocimiento de causa de "sudores de la carne", que se producen mientras el cuerpo lucha contra la anormal carga que lo atormenta.
También hablamos de la "mirada en blanco", esa mirada al vacío que se manifiesta cuando la inevitabilidad del fracaso se hace evidente.
Este año ha sido uno de interminables malas noticias en el terreno económico para los estadounidenses y, no obstante, el desafío del bistec gigante es más popular ahora que el año pasado.
El hambre de escapismo de los estadounidenses -al menos en este caso- pesa más que cualquier escrúpulo moral frente a este grotesco, aunque fascinante, exceso.