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¿Manipulación o sensibilidad?
El poder de las lágrimas femeninas
Hay hombres que no soportan ver llorar a una mujer y tratan de complacerla para aliviar su dolor. Según la psicología, este juego puede resultar hasta beneficioso para la pareja, porque el hombre se siente héroe y la mujer consigue la protección que desea.
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Desde que somos niños se nos ha enseñado que sólo las niñas pueden llorar, que los hombres son el sexo fuerte y deben superar los problemas de manera práctica..nosotras no.
Pero no podemos negar que las mujeres somos las lloronas por excelencia. Para apoyar esta tesis hay varios factores que intervienen. De partida, nos caracterizamos por ser más sensibles a nuestro medio ambiente, también hay un factor hormonal que nos lleva a estar más susceptible algunos días del mes, socialmente nadie nos castiga por derramar algunas lágrimas, y muchas veces éstas nos ayudan a suavizar una situación si nos encontramos en medio de un conflicto.
Eso es, precisamente, lo que le sucede a Bárbara. Ella tiene 28 años, trabaja como educadora de párvulos, y mantiene una relación hace tres años. Dice que su llanto nunca lo ha visto como una manera de manipulación, pero reconoce que siempre la ha ayudado cuando ha tenido problemas con su novio: "Me cuesta mucho discutir con mi pareja. Siento que la garganta se me aprieta y de inmediato me pongo a llorar.
Cuando él me ve así, se le olvida por qué discutíamos y me consuela, al rato todo vuelve a la normalidad", señala.
Rafael de 31 años admite que no puede ver llorar a una mujer, sobre todo si es de su familia: "Me resulta súper incómodo ver a mi esposa, a mi mamá, o a mi hermana llorando. De inmediato trato de ayudarlas, siento que me desarman. Cuando mi señora estaba embarazada lloraba mucho, a veces sin motivo, yo le ofrecía chocolates, le hacía cariño, la invitaba a salir, pero ella me decía que la dejara llorar. Entiendo que las puede relajar, pero no me gusta que sufran sin motivo".
Tal como le sucede a Rafael, hay muchos hombres que no toleran que su pareja derrame una lágrima. El problema surge cuando la mujer utiliza el llanto reiteradamente para conseguir lo que desea y termina convirtiéndolo en una manipulación.
Esa situación la vivió Andrés, periodista de 35 años: "Tuve una pareja que era muy absorbente. Cuando le decía que iba a salir con mis amigos le bajaba la sensibilidad y me decía que no la dejara sola, que me iba a extrañar mucho, y terminaba llorando como una niña chica. ¿Qué podía hacer? Al final me quedaba con ella. En un principio era algo tierno, pero después hacía lo mismo si iba a ver a mi hermano o a mi mamá. Al final, sus lágrimas dejaron de conmoverme y terminábamos discutiendo", comenta Andrés.
Alejandra de 27 años recuerda que sus lágrimas la ayudaron en una compleja situación: "Cuando estaba en la universidad tuve problemas con un ramo y fui a hablar con el profesor. Le dije que no me reprobara, que me atrasaría un año y que mis papás me iban a retar porque tendría que pagar de más. Sin quererlo me corrieron las lágrimas y le dije que siempre estudiaba, pero me había ido mal porque estaba tensionada. El profesor me miró y me dijo que no llorara por eso, y me puso la nota que necesitaba, fue un alivio tremendo", recuerda.
Ventajas y desventajas de las lagrimas
Según el psicólogo, Sergio Valencia (www.vivencias.cl), las mujeres recurren al llanto cuando se encuentran en una situación límite: "El llanto, las lágrimas, vienen a despertar un arquetipo del hombre que es el Mito del Héroe. Cuando una mujer llora utiliza ese recurso, así el hombre tiende a actuar de manera amorosa para no convertirse en el malo de la película." cuenta el especialista quien también nos cuenta que es un mecanismo aprendido por las mujeres desde los primeros años de vida, por ejemplo, con el padre para romper las ordenes de la madre, luego en la adolescencia para verse débiles y ser protegidas, después en la vida adulta como medida de protección.
Lo curioso, es que según el psicólogo, las mujeres sabemos con quién tenemos que utilizar nuestras lágrimas, porque nunca nos arriesgaríamos a hacer el ridículo.
Otro punto importante, es que según el experto, éstas no aburren a los hombres: "Se forma una dinámica en la que la mujer consigue lo que quiere, luego el hombre recibe su premio, normalmente en caricias o sexo. Así mantienen el canal abierto para volver a utilizar el recurso. Es lo que se conoce como la ganancia secundaria".
Como verás puede resultar hasta beneficioso derramar algunas lágrimas. Conseguirás la atención total de tu pareja y muchas demostraciones de cariño para consolarte. Pero si te aprovechas de esta práctica y recurres a ella de manera indiscriminada y sin motivo, terminarás convirtiéndote en la caricatura clásica que realizan los hombres de las mujeres, es decir, en una bruja.
Verónica Lavado / Terra Chile
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