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Famosas: Los bellos monstruos del botox

 

La maravilla antienvejecimiento saltó a la fama por sus poderes casi mágicos a la hora de detener el paso del tiempo, sin embargo, no hay nada tan milagroso e inofensivo sobre todo cuando se trata de conservar la normalidad del rostro.


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Esta fuente de la juventud que detiene la formación de arrugas en la piel, creando un aspecto más terso y joven, se puede transformar en un arma de doble filo si se usa de manera indiscriminada, al punto de convertirse en una obsesión.


Y es que ya estamos un poco impresionadas con los altos niveles de anormalidad y, en algunos casos, deformidad que han llegado a tener las famosas con objeto de estar siempre jóvenes.


Incluso los mismos médicos, especialistas en la aplicación del botox, han llegado a manifestar una similitud bien preocupante con los estupefacientes, ya que son muchas las que deben adquirir esta droga para sus rostros de manera obsesiva.


No hay que escarbra mucho para dar con claros ejemplos de un abuso. Ahí tenemos a Marcia Cross y Teri Hatcher (“Amas de casa desesperadas”), Cher o Nicole Kidman, quienes ante el temor de envejecer, han dañado su apariencia facial, ahora casi irreconocible y eso según médicos que incluso las han señalado como ejemplos de un mal uso de la sustancia botulínica.


”Bellos monstruos”
El botox, que fue aprobado en Estados Unidos en el 2002, siempre ha sido una sustancia de la polémica ya que si bien en pequeñas dosis implica un gran avance en la cirugía plástica, la sobredosis va dejando el rostro inerte, estático y deformado a la inexpresividad. Por otra parte, especialistas han demostrado que el abuso de esta sustancia también hace que el cuerpo genere defensas naturales las que finalmente atentan contra los resultados.

 
“Bellos monstruos”, así los han denominado. Y que salta la alarma al ver como inescrupulosos médicos como el dermatólogo Arnold W. Klein, más conocido como el “señor botox”, inyectan sin parar estas terapias. Es cosa de ver a dos de sus pacientes: Michael Jackson y Liz Taylor.


Mientras las empresas se defienden. Allergan, una de las marcas con la que se comercializa la toxina botulínica rechaza las acusaciones de que el Botox sea adictivo: “Botox es un tratamiento de efectos temporales, por lo que es natural que los pacientes deseen repetir la aplicación, cuando sus resultados son satisfactorios y seguros. No se trata de una dependencia, de un vicio, sino del deseo natural del ser humano de reflejar una buena apariencia.

 

Más importante aún, el término adictivo expresa un significado vago y más bien debería el estudio referirse a un término más apropiado y preciso que describa alta satisfacción para el paciente después de recibir el tratamiento”, ha declarado mediante voceros y comunicados de prensa en numerosas oportunidades.


¿Botox malo?
La utilización de la toxina botulínica no es inocua, existen contraindicaciones y efectos adversos relacionados con cada paciente, que sólo los médicos conocen. Por lo tanto, al ser un tratamiento médico debe ser instaurado y seguido por un profesional. Sólo así el uso de esta sustancia asegura un resultado seguro y dentro de las normativas estéticas.


En el caso de las adicciones, no se ha especificado que el botox propiamente tal genere adicciones. Más bien es parte de la psicología de quienes lo usan de manera indiscriminada. Lo mismo podría ocurrir con otro tipo de sustancia. “Tiene ver con el detener el tiempo. Son estrellas que no quieren envejecer y que están obsesionadas con la juventud más que con el botox. O sea, si las pastillitas de menta fueran anti arrugas las comerían hasta decir ¡basta!”, puntualiza Myriam Sepúlveda, psicóloga clínica.


En cuanto a los efectos secundarios de usarlo en grandes cantidades en zonas como el cuello, el cuerpo puede crear defensas naturales en contra de la bacteria. Si no se administra con cuidado y alguna cantidad minúscula del medicamento llega a otros músculos podrían haber resultados indeseados como una ceja más alta que la otra.

 

 


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