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 Mujer que bajó 100 kilos sin pastillas y cirugías cuenta su experiencia
16 de Diciembre de 2008 06:18

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Sílvia Bonini Regiani, es una brasileña que pasó de pesar 167 kilos a 65 kilos en cuatro años. Lo mejor es que lo hizo atacando la base del problema, las emociones. Hoy narra su historia.

Si perteneces al grupo de mujeres que viven en guerra con los kilos a reducir, sabes que perder peso no es fácil. Imagina entonces, perder más de 100 kilos sin ayuda de medicamentos o cirugías. ¿Parece imposible? Sí, sería la respuesta, pero la verdad es que no lo fue para la antropóloga brasileña Sílvia Bonini Regiani.

 

Silvia hizo la hazaña de pasar de sus de 167 kilos a los 65 kilos que pesa actualmente en cuatro años, en gran medida por la fuerza de voluntad y terapia. Hoy ya con la autoestima que simepre deseó tener, ha publicado el libro “Mulhersegura.com - 102 libras menos sin reducir el apetito y sin cirugía” (Artgraf gráfica y editorial).

 

En el libro, Silvia, no cuenta trucos para bajar de peso, al contrario, ella narra su dificil relación con la comida desde su infancia, los problemas que desencadenaron en su obesidad y finalmente cómo logró dar vuelta su historia.

 

Su relación con los alimentos

A los 27 años, en la cima de su obesidad, Silvia (con 1,81 m y 167 kg) recibió un ultimátum de su médico: perder peso o morir. El anuncio no se dio simplemente para asustarla y quizás motivarla a cerrar la boca, ya que la antropóloga sufría de diabetes tipo 2, hipertensión e hipotiroidismo, provocada por el exceso de kilos y su estado de salud estaba en franco deterioro.

 

A causa de estas enfermedades también se vio obligada a renunciar a los inhibidores del apetito y la reducción de estómago. Es decir, su única salida era utilizar la educación nutritiva y ejercicio físico. Antes, eso sí, fue necesario que Silvia se ocupase de la fuente del problema; las emociones que la hacían comer.

 

"Fue muy doloroso, tuve una muy fuerte relación emocional con los alimentos", cuenta Silvia en su libro, donde además se refiere a todas las cuestiones psicológicas en torno a la obesidad (una enfermedad que está lejos de ser un problema sólo estético y físico), y por lo que debió durante el proceso, tratarse con la ayuda de un psiquiatra, además de los endocrinólogo y un especialista en tiroides, la diabetes y la hipertensión.

 

Silvia además relata que ella fue una más en una familia de gordos, que la alentaba y demostraba su cariño mediante la comida. "Las personas no sólo heredan los genes, sino también el medio ambiente", afirma el endocrinólogo Márcio Mancini, presidente del Departamento de Obesidad de la Sociedad Brasileña de Endocrinología y Metabologia (SBEM) y la Asociación Brasileña para el Estudio de la Obesidad (ABES). "El niño interioriza los hábitos de alimentación de la familia", explica.

 

Lento y difícil proceso

Desde pequeña, Silvia constató que, como resultado de protegerse frente a las burlas externas, había desencadenado en ella una chica agresiva, lo que le complicó aún más el proceso de perder peso.

 

Señala que admitir que necesita ayuda y empezar a ver quién era fue golpearse a sí misma y a la gente que la rodeaba."El mayor dolor de mi vida fue cuando descubrí que nadie salvo yo, debía tomar una actitud al respecto. Lloré durante tres días seguidos", dice.

 

Obtener ayuda en la terapia fue el primer paso para comenzar a cambiar sus actitudes frente a la mesa y la vida. Según Denise neurólogo, como el placer de comer es un intento para compensar cualquier escasez, la ingesta de alimentos nunca será suficiente, porque existirá siempre el sentimiento de vacío. "En este caso, una buena terapia para ayudar a investigar lo que es, después de todo, la razón por la que se come", cuenta la especialista. Descifrado el mensaje, el tratamiento es más fácil ya que no hay ninguna razón para vincular la comida a esta necesidad.

 

Fuerza y coraje

Al inicio del tratamiento, Silvia no podía caminar una cuadra sin estar agotada. "Yo no podía levantarme a bañarme ya que tenía muchos dolores en el estómago y las piernas. También tenía un horrible dolor de cabeza. Sin mencionar que me sentía pequeña, humillada", confiesa.

 

Pero el esfuerzo tuvo resultados y fueron cuatro años de combate. Hoy en día, Silvia ya no consulta al psiquiatra. Por otra parte, es el tipo de mujer que exuda seguridad y gran autoestima dondequiera que va. "Me complace decir que yo era obesa, porque si la obesidad no hubiese entrado en mi vida, nunca habría descubierto a Silvia y Silvia es tan buena...", se enorgullece.

 

Actualmente su rutina es en la mañana a eso de las 5:30 de la madrugada, salir a correr unos 8 kilometros y controlar lo que come pero sin grandes sacrificios: se asegura de comer de todo, menos frituras porque ya le caen mal.

 

También sigue en la compañía de baile flamenco que comenzó a asistir durante el tratamiento. "La persona necesita adaptarse a las actividades físicas que le dan placer. Lo importante es pensar qué es lo que se ganará por esta obligación y compensar la rutina buscando lo que más nos gusta", enseña.

 

En cuanto a su estado de salud, Silvia dice que sólo sigue tomando medicamentos para el control de hipotiroidismo, nada más. "Estoy curada, espero continuar con mis 100 años", celebra.

 

Lecciones de un ex-obeso

Al entender que la lucha contra el equilibrio es realmente muy difícil, Silvia ofrece algunos consejos para quien quiera ganar a la obesidad.

 

El primer paso es aceptar el peso. Di "Yo tengo 100 kilos, no estoy feliz y quiero ser mejor".

 

No tener miedo de enfrentar el proceso con la ayuda de un psiquiatra. El control de la depresión y la ansiedad es la clave.

 

No tener miedo a abrir la conversación con los amigos y la familia respecto a la responsabilidad de ellos. No tener miedo a hablar de lo que está pasando y que se está luchando contra ella.

 

Incluso si decaes, intentar recuperar las fuerzas. Levanta tu cabeza y sigue adelante.
Si quieres conocer más del libro y de Silvia, visita: www.mulhersegura.com

 

Terra Brasil