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 Cómo iniciar la Alimentación Complementaria de un Niño
23 de Enero de 2009 12:12

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Para muchas mamás darle de comer a su hijo por primera vez puede ser un total problema y dolor de cabeza, pero con la aparición de los primeros dientes esta tarea debe comenzar. Acá algunos consejos para evitar situaciones conflictivas y frustrantes para la madre y el hijo.

La alimentación complementaria debe iniciarse cuando han erupcionado los incisivos superiores, lo que ocurre en general a partir de los 6-9 meses. Para ello, la nutricionista de la Universidad Andrés Bello, Ana Paz Fuentealba indica que esta nueva etapa en la alimentación de los niños debe comenzar con una papilla o puré suave, “es importante que las comidas no contengan grumos, ni trozos de fibra que estimulen el reflejo de extrusión, que es cuando los niños expulsan el alimento de la boca; la papilla puede tener la consistencia de puré más grueso y luego progresivamente sólo estar bien molido con tenedor".

 

El avance del proceso de alimentación está asociado al desarrollo general del niño, al desarrollo de los maxilares y a la evolución de la dentición. Cuando existen sólo incisivos se debe dar papilla licuada y luego tipo puré, una vez que erupcionan los primeros molares, alimentos molidos; y sólo cuando erupcionan los segundos molares, todo picado.

 

La nutricionista indica que la papilla o puré debe contener al principio cereales y verduras. "Al momento de servir se recomienda agregar 2,5 a 3 ml de aceite vegetal, canola, pepa de uva o mezclas de omega- para 200 gramos de comida. Se recomienda no agregar sal a las comidas".

 

El postre recomendado es el puré de fruta, al que no es necesario agregarle azúcar u otro endulzante. Cada vez que se incorpore un nuevo alimento, debe entregarlo uno por vez y en pequeñas cantidades.

 

El volumen a administrar de la papilla variará según la edad y el crecimiento. "Hasta los 8 meses se considera adecuado alcanzar progresivamente 150 ml de comida (3/4 taza), más 100 ml (1/2 taza) de fruta, aproximadamente.

 

Los endulzantes artificiales no son recomendados en los alimentos para lactantes, puesto que faltan estudios concluyentes al respecto.

 

Se pueden usar algunos condimentos naturales habituales del hogar como orégano, ajo, comino y otros, pero en cantidades pequeñas.

 

La temperatura ideal del alimento es más o menos 37°C (temperatura corporal), pero puede ser menor. Como conducta al momento de alimentar al niño no es conveniente enfriar la comida delante de él, dado que la espera lo inquieta y lo pone en riesgo de sufrir quemaduras.

 

Para enfriar los alimentos, éstos no deben ser soplados, ni tampoco deben ser probados con el mismo cubierto que se utilizará para darles la comida, ambas conductas producen contaminación de la boca del niño con microorganismos que se encuentran en la cavidad bucal del adulto que lo alimenta y que producen la caries.

 

La cuchara con que se proporcionan los alimentos debe ser pequeña, de contornos lisos y suaves; y debe llevar una pequeña cantidad de alimento cada vez. El niño debe estar sentado, con apoyo corporal seguro, con sus manos descubiertas.

 

Es recomendable que el alimento sea dado siempre con un entorno agradable y tranquilo, usando utensilios que el niño identifique como propios. No es recomendable que se presenten distractores en el horario de comidas, especialmente televisión.

 

La académica destaca que si el niño no quiere más comida no debe insistir, "pero vigile si esto es rechazo total o si se repite mucho, para descartar que esta situación no esté asociada a una enfermedad. No recomiendo mezclar el postre con la comida para estimular la ingesta".

 

Segunda comida

La segunda comida se puede incorporar alrededor de dos meses después de la introducción de la primera, cuando el niño(a) ya presenta una buena tolerancia al almuerzo, suspendiendo entonces la leche correspondiente a ese horario.

 

No existen estudios suficientes que avalen la necesidad de fibra en los primeros 2 años de vida, sin embargo ésta ha demostrado aumentar la salivación y tener importantes funciones para la salud en etapas posteriores y aporta a los preparados infantiles variedad de sabores y texturas, por lo cual se recomienda incorporar fibra dietaria desde el segundo semestre de vida.

 

Para alcanzar estos niveles se recomienda introducir la fibra en forma de verduras, leguminosas y frutas, en la dieta habitual.

 

Los cereales se aconseja iniciarlos a partir de los 6 meses de vida, aquellos que contienen gluten también, excepto en aquellos niños con antecedentes familiares de primer grado de enfermedad celíaca en los que se debe postergar su introducción hasta los 9 a 12 meses.

 

Se recomienda la introducción progresiva de las legumbres (pasadas por cedazo, hasta alrededor de los 12 meses) a partir de los 8 meses; una porción de ellas reemplaza al puré de verduras con carne y se recomienda 1 a 2 veces por semana progresivamente.

 

La introducción del pescado y huevo se recomienda después de los 10 meses en lactantes sin factores de riesgo de atopia (reacción alérgica) y después del año en los niños con factores de riesgo -antecedentes de padres o hermanos con atopia de cualquier origen o alergia alimentaria-.

 

La introducción tardía de alimentos potencialmente antigénicos (pescado, huevo, cítricos) es controversial. Estudios han demostrado que la introducción de alimentos sólidos antes de los 6 meses, se asocia a un aumento de la incidencia de atopia y alergia alimentaria en etapas posteriores, pero este efecto es significativo sólo en los pacientes con antecedentes de riesgo.

 

Desde que el niño recibe alimentos sólidos puede ofrecerse agua -hervida en el caso de no contar con agua potable-, sin adición de azúcar, ni miel, ni otro saborizante o edulcorante.

 

Se puede dar a beber 20 a 50 ml 2 a 3 veces al día separándola de la leche. Los refrescos en polvo, las bebidas azucaradas y las sodas no son recomendados, ni necesarios durante los primeros años de vida.

 

El ampliar el ámbito de consumo de alimentos no debe interpretarse como una "autorización" a los padres o cuidadores para incluir en la dieta alimentos cuyas características de densidad energética, índice glicémico y contenido de sal, puedan provocar malos hábitos alimentarios, con resultados desfavorables para la salud como malnutrición por exceso y carencia de micronutrientes, entre otros. "Los concentrados alimentarios, las golosinas, los jugos artificiales y las bebidas gaseosas o de fantasía, son inadecuados para lactantes".

 

El profesional que realiza la indicación alimentaria debe tener presente en todo momento, además, las posibilidades adquisitivas y de disponibilidad de productos y debe hacer énfasis en la correcta preparación de los distintos alimentos, apoyando a la familia con la adecuada educación, para así lograr una alimentación en óptimas condiciones nutritivas e higiénicas.

 

Junto con la alimentación complementaria se debe iniciar el aseo bucal, realizado por un adulto con aseo de las mucosas utilizando una varilla de algodón húmedo (cotonito), cuando existen solo incisivos se puede utilizar una gasa o un trozo de pañal, al aumentar el número de piezas dentarias, limpiar con un cepillo dental, pequeño y suave, sin pasta de dientes.

 

Terra