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Foto: Getty Images
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Descubre cuáles son las prácticas sexuales más extremas

 

Existen numerosos juegos sexuales destinados a incrementar la excitación. Algunos suponen, simplemente, un cambio de escenarios, otros postulan el intercambio de papeles. Pero existen otras prácticas sexuales extremas donde se sobrepasan algunos límites, que conviene pactar para llevarlas a cabo sin riesgos innecesarios.



 

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La base de todas estas prácticas extremas es el sadomasoquismo. Es decir, la asociación entre una persona que extrae placer desde la posición de sentirse maltratada y otra que se excita sexualmente mortificando a la anterior.

 

Los efectos de tales prácticas pueden llegar a ser muy mortificantes, dolorosos, cuando no extremadamente arriesgados para la vida. Razón por la que las personas que las practican acuerdan los límites que no se pueden sobrepasar de antemano y establecen una serie de códigos destinados a comunicar al otro que debe aminorar la intensidad del estímulo o pararlo porque sobrepasa los límites de tolerancia del que recibe el castigo.

 

Tales prácticas extremas suelen configurar un grupo de actividades sexuales acreditadas con las siglas Bdsm. Que proceden de las iniciales de un conjunto de acciones conocidas como Bondage y Disciplina; Sadismo y Masoquismo.

 

 

Bondage

 

El Bondage, palabra popular que se refiere a lo que técnicamente se conoce como Merintofilia, hace referencia a la excitación que puede ocasionar atar y ser atado durante las actividades sexuales. El estado de indefensión que ocasiona encontrarse de esa manera es lo que ocasione el incremento del placer de ambos sujetos.

 

Las ataduras pueden ser simuladas (con un nudo corredizo fácil de deshacer por la persona que está atada), o verdaderas. Y entre estas, pueden ser cintas suaves, pasando por correas de cuero, hasta llegar a verdaderos corsés con nudos o bolas que se colocan en la boca o los genitales para hacer algo de daño.

 

 

Disciplina

 

La palabra Disciplina, aplicada a estas prácticas sexuales, procede de la disciplina escolar inglesa. Esta fue, tradicionalmente, muy rígida e incluía los castigos físicos hasta hace muy pocos años. En estos casos, los sujetos juegan a mandar y castigar, unos, y a obedecer y ser castigados, los otros.

 

Cuando los castigos pasan a ser físicos, pueden pasar desde recibir simples latigazos o palmadas con reglas anchas, hasta llegar a admitir voluntariamente ser golpeados en los testículos o en la vulva (ballbusting y cuntbusting, respectivamente).

 

 

Sadomasoquismo

 

El Sadismo consiste en hacer sentir dolor al otro como forma de excitarse sexualmente. El Masoquismo es la imagen especular de lo anterior. La persona se excita sexualmente cuando recibe dolor del otro.

 

Las formas más suaves de estas actividades consisten en dar cachetes o pellizcar en cualquier zona del cuerpo o en los genitales y pezones. Las intermedias pasan por hacer lo mismo pero utilizando objetos como pinzas o clips. Los casos más extremos contemplan la posibilidad de aguijonear el cuerpo con agujas, corrientes eléctricas, o utilizar aparatos que presionen o aplasten, pezones, clítoris o testículos.

 

 

Asfixiofilia

 

Otra práctica extrema que no puede incluirse entre las anteriores, porque no requiere los requisitos englobados bajo el concepto de sadomasoquismo, es la Asfixiofilia. Consiste en estrangular al sujeto con un cordón o un cinturón, o introducirle la cabeza en una bolsa de plástico durante un tiempo, para producir una breve interrupción del flujo de sangre oxigenada al cerebro, mientras se mantienen relaciones sexuales; el estrangulamiento se deja de realizar antes de que el sujeto pierda el conocimiento.

 

La idea que subyace en esta práctica es que cuando el cerebro recibe poco oxigeno el orgasmo que se siente es mucho más intenso que en las condiciones de oxigenación habituales. Esta actividad puede practicarse con otra persona o a solas, durante la masturbación. Pero es muy peligrosa.

 

Puede suceder que la persona que estrangula no mida bien los tiempos y sobrepase el que puede soportar el cerebro sin oxígeno, con el resultado de muerte. O, si lo que se practica es la asfixiofilia autoerótica, puede suceder que, por accidente, el sujeto pierda el control de lo que está haciendo y muera ahorcado.

 

Como se desprende de lo anterior, cuando se desean transgredir los límites, parece no haber fronteras. Se puede llegar a extremos realmente impensables para las personas que se mueven en otros márgenes menos excesivos de la sexualidad. 

 

 

 

 

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