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10 cosas que no se dicen sobre la maternidad

 

Antes que tus familiares y amigos te bombardeen con consejos sobre la llegada de un bebé, es mejor que te hablen con la verdad acerca de lo que vivirás o vives ya.



 

Eso es lo que hacen las periodistas Ingrid Beck y Paula Rodríguez, en su libro ¿Guía (inútil) para madres primerizas". Según ellas, lo importante es ¿no desconfiar de lo que dicta el corazón de madre primeriza.

 

Amamantar no es tan fácil
Si bien es cierto que hay guaguas que logran mamar con mucha facilidad, hay otras a las que les cuesta un montón. Pero en ambos casos, una cosa es cierta, los pechos no se ven en esos momentos como en la televisión, sino que están hinchados, enrojecidos, adoloridos y agrietados en sus pezones. El único consejo que podría resultar es que hay que tener mucha paciencia para lograrlo.

 

Pechos grandes no es igual a mucha leche
No importa el tamaño ni el color. Nada de eso te asegura mucha leche o mayor período de amamantamiento.

 

No creas todo lo que lees
¿La literatura sobre maternidad y crianza se maneja con unos estándares que no se ajustan muy específicamente a la criatura que acabas de parir¿, dicen las autoras. Es decir, si el libro dice que los bebés duermen 14 horas al día y el tuyo duerme 9, no te desesperes. Lo mismo si no se le cae el cordón a la semana, sino que a los 12 días. Los libros hablan de niños promedio, que no tiene por qué ser el tuyo.

 

Los bebés lloran mucho, demasiado

Si bien es cierto que hay bebés silenciosos, son los menos. Pero incluso sus madres no se salvan de la angustia, porque no faltará quién comentará que ¿es rara tu guagua¿, porque no llora desaforadamente. Ahora bien, la mayoría llora mucho y casi siempre sus mamás no saben por qué. Lo único que se puede hacer es probar y probar qué puede ser. De ahí que las mujeres nos convertimos en adivinas.

 

Las madres tienden a la locura después de parir
Y cómo no. Duele la episiotomía, los pechos gotean sin parar y la panza sigue pensando que tiene un bebé dentro y se niega a volver atrás. Además, no duermes, con suerte tienes tiempo para bañarte y ya ni comes equilibradamente.

 

Las visitas deben ser seleccionadas
Debido al ambiente que se viven las primeras semanas en la casa de un recién nacido, acepta sólo visitas que traigan buena onda y que sean ubicados, es decir, que dejen sus consejos molestos fuera de casa. También deja afuera a aquellas amigas que vienen con dramas amorosos y aquellas tías que dicen ir a ayudarte y terminas atendiéndolas por horas. Y, sobre todo, no a los niños chicos revoltosos.

 

No siempre te enamoras del bebé a primera vista
Y no es un pecado. Es decir, puedes sentir amor absoluto a la primera. O también extrañeza por este bebé de tres kilos que te mira desconcertado. O sorpresa por no saber a qué te enfrentas. Y es que para algunas ¿tiene los efectos de un bombardeo con armas químicas, dicen las escritoras.

 

No hay forma de malcriar a un recién nacido
Así que olvídate de esos comentarios ridículos que dicen que no hay que tomarlos en brazo mucho rato, hacerlos dormir en brazos o besarlos en demasía. O sea, un bebé de 2 días o de 3 semanas no se malcría. Y aunque todos tendrán una versión sobre cómo debes criar a tu bebé, tú sólo responde que sí y sigue con tu instinto maternal.

 

La temperatura del bebé es igual a la de un adulto
Aunque es chico y cabezón, es un ser humano y tiene calor cuando tú tienes calor y frío cuando tú tienes frío. Es decir, su temperatura corporal es igual a la tuya. Así que evita vestirlo de esquimal cuando es verano, lo harás pasar mal.

 

Los bebés tienen hipo, estornudan y roncan
¡¡¡Y no por eso tienen daño neurológico!!! ¿La criatura indefensa estornuda como un adulto con gripe aguda, hipa como si se le fueran a salir los ojos de las órbitas y ronca como un señor de 100 kilos con problemas respiratorios¿, aclaran las autoras. Y, por cierto, tienen fecas de muchos colores. Así que deja las aprensiones y sobre todo las del resto, y déjalo ser un bebé como debe ser.

 

 

Terra / Karen Uribarri