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Vida y Estilo » Mujer

 El sexo en la oficina se ha democratizado entre ambos sexos
18 de Diciembre de 2007 03:35

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Desde España y tras su reciente lanzamiento del libro Cómo ser mujer y trabajar con hombres, quien fuera la primera mujer en dirigir la revista esencialmente masculina Interviú, conversó con Zona Mujer sobre machos, caducidad del amor y mundo laboral.

Teresa Viejo es toda una celebridad en España. Periodista y escritora (“Hombres. Modo de empleo y Pareja ¿fecha de caducidad), ha conducido programas de televisión en la TVE, Antena 3 y la Televisión Autonómica de Castilla-La Mancha (CMT), además de haber sido una exitosa mujer de radio al dirigir y presentar el matinal. Más que palabras en radio España.

 

Ella es toda una experta en el análisis de las relaciones entre hombres y mujeres y, sobre todo, es una estudiosa del sexo opuesto en todos sus aspectos. Por eso acaba de lanzar el libro Cómo ser mujer y trabajar con hombres.

 

Entre sus convicciones está el hecho de que un hombre nunca se da por vencido cuando plantea una idea y nunca tolera un no por respuesta", asegura Viejo. Y explica que frente a una negativa las mujeres "salimos deshechas, pensando en lo que hemos hecho mal y con la autoestima por los suelos, asegura.

 

También reconoce que los jefes hombres suelen interrumpir a sus subordinadas mujeres. ¡Tolerancia cero a los cortes de conversación masculinos!, Nunca lo permitas, porque es una agresión a tu persona , un ‘ninguneo’ que no se puede tolerar”, aconseja la periodista.


¿Cómo llegaste a dirigir la revista "Interviú"?

- Como llegan todos los ofrecimientos importantes en la vida: los responsables del grupo editorial Zeta, al que pertenece la publicación y con quienes llevaba años colaborando en varios proyectos, me ofrecieron esa posibilidad y no dudé ante el reto.


¿Tuviste mucha resistencia del medio al llegar a ese puesto?

- No, por lo anterior. Yo era colaboradora habitual en la revista. Mantenía una página semanal y me encargaba de realizar entrevistas políticas, de forma que, desde el equipo de edición hasta los redactores, me conocían bien. Incluso algunos de ellos participaban semanalmente en mi programa de radio. Digamos que existía una relación de complicidad que limaba cualquier suspicacia.


¿Cómo hace una mujer para dirigir a los hombres en el medio laboral?

- Lo mismo que un hombre, pero con mayor celo. El nivel de exigencia en la mujer es superior tanto de cara a su equipo como en su juicio personal.


¿Creen ellos en nuestras capacidades?

- Hasta ahora han tendido a considerarlas inferiores o incluso débiles para la dura batalla laboral. Ser intuitiva, solidaria, sensible, tomarnos tiempo para sopesar varias opciones, dudar, ser conciliadoras, pedir por favor y a través del estímulo al subordinado en lugar de exigir o simplemente mandar, tradicionalmente se ha entendido como bajo perfil en el trabajo. Por fortuna cada vez menos.


¿Qué es lo más difícil de trabajar con hombres?

- Entenderlos, al igual que a las mujeres. Es necesario mover la óptima desde la que contemplamos el mundo del trabajo y en lugar de maquillar o dar la espalda a las diferencias de ambos sexos, interpretarlas como múltiples habilidades. Si supiéramos porque hombres y mujeres nos comportamos cómo lo hacemos nos llevaríamos mejor en lugar de pensar que obramos de tal forma para “jorobar” al otro.

 

Dicen que las mujeres somos más eficientes, ¿crees que es así?

- Las mujeres, explican los jefes, tienen más capacidad de trabajo multitarea –en correspondencia a cómo funciona nuestro cerebro- y nos distraemos menos. Tenemos gran sentido de la responsabilidad y trabajamos bien en equipo, por contra gestionamos peor el fracaso.


Pese a nuestras capacidades, son muy pocas las mujeres que tienen a hombres a su cargo, ¿no?

- Porque el escenario laboral en que nos movemos todos mantiene todavía las reglas del patriarcado laboral. Necesitamos tiempo.


¿En qué se diferencia un hombre jefe a una mujer jefa?

- Según se asciende en la pirámide laboral se matizan las diferencias. Yo me he encontrado más pureza de sexo entre las dependientas de un centro comercial peleándose por el aire acondicionado –ellos lo suben, ellas lo bajan- con sus compañeros que en las directivas que sistemáticamente reproducen los gestos de los jefes masculinos. Si la mujer no ahoga lo femenino incentivará a su equipo, romperá la jerarquía, tendrá buena visión a largo plazo, etc.

 

¿Crees que las hormonas nos juegan en contra en el mundo laboral?

- A unos y a otras. Las hormonas son una de las grandezas del ser humano, que nos conforman pero también nos tiranizan. El cerebro femenino en edad fértil cambia durante el ciclo hasta un 25%, ¿a alguien le extraña entonces que seamos volubles? ¡Es nuestra naturaleza femenina, que a veces nos hace frágiles y en otras rotundas y poderosas! Pero ellos están supeditados también a los andrógenos, a una testosterona tozuda, primaria, agresiva, competitiva y muy sexual, lo que hace que se les vaya los ojos detrás de un escote, ya sean directores o porteros del banco.

 

A veces creo que es peor trabajar con mujeres que con hombres. ¿Qué piensas tú?

- Durante la gestación del libro algunas mujeres me han confesado lo mismo: sentirse poco entendidas por unas compañeras que se convierten en rivales despiadadas. Diré que no hay peor machismo que el ejercido por la propia mujer.


Ahora bien, ¿cómo se hace para compatibilizar trabajo y hogar y ser exitosa en ambos mundos?

- Esa es una batalla muy personal en la que cada uno tiene su afán y en la que normalmente algo queda hipotecado. En mi caso el hecho de no ser madre me ha permitido concentrarme en mi trabajo, sobre todo en la escritura, pero tampoco entiendo que mi ejemplo sea el óptimo. Ha sido mi opción, sólo eso.


Tal vez el hecho de tratar de hacer bien tantos papeles nos frena para ascender...

- Es problema del ascenso no está tanto en los demás como en nosotras. No a todas las mujeres les compensa esa forma de vida en la que sólo relumbra el éxito sociedad y la intimidad es una miseria. Una sociedad que obliga a elegir entre vida personal y laboral es una sociedad enferma.


Otro de tus libros habla de cómo debemos tratar a los hombres, algo así como un manual

- Hombres modo de empleo no es un libro para usar a los hombres, sino un ensayo para conocerles mejor. Me interesa mucho saber de ellos porque eso nos permite una convivencia más apacible y sobre todo nos lleva a entender que son más simples, más débiles y más nobles de lo que a veces hemos supuesto.


Y cuando hablamos de la pareja, ¿crees en el amor para toda la vida?

- Creo en un amor que creo acompasadamente en los dos y que evoluciona en idéntica dirección que lo hacen quienes lo disfrutan. Si el cambio sólo se da en uno de los miembros de la pareja mientras que el otro se queda estancado, el pronóstico es la caducidad. Ahora bien, lo primero es un trabajo arduo porque nadie vive ni de la pasión efímero ni del amor romántico de los primeros años.


¿Es cierto que tenemos fecha de caducidad?, ¿no tiene que ver eso con que somos menos tolerantes?

- Me remito a lo anterior, además el amor no puede entenderse como una condena que hay que soportar, la penitencia que aguantar hasta que Dios quiera. Esa es una visión judeocristiana del amor que ya está superada, pero tampoco podemos entender la pareja como unos zapatos que tiramos según la estación.


¿Existe alguna receta para mantener una relación por el mayor tiempo posible?

- Trabajar por ese cariño, huir de la confrontación, crecer en lo personal para encontrar espacios comunes, no depender del otro...


Si comparamos a hombres y mujeres, ¿quiénes están más susceptibles a tener sexo en el trabajo?

- Antes los hombres, pero hoy en día el sexo en la oficina se ha democratizado entre ambos sexos.


Y si alguno se entera de este chisme, ¿son ellos o ellas las que seguro lo echan a correr?

- En la práctica he comprobado que los hombres son tanto o más cotillas que las mujeres, así que es difícil que unos u otras callen un asunto tan “jugoso” en una oficina.


¿Qué se hace si se tiene un jefe un poco fresco?

- Eso no se puede responder en cuatro líneas. Depende de si el jefe tiene sólo una actitud inconveniente o es algo cercano a un acosador. Lo primero obliga a un tono amable pero rotundo, serio sin ser displicente, marcar las distancias físicas de la burbuja personal y no compadrear porque quien deja claro los límites se encuentra con menos problemas. Lo segundo es objeto de denuncia en los cauces pertinentes de cada sociedad: comité de empresa, vía jurídica o penal.


Finalmente, me intriga saber, ¿cómo eres como jefa?, ¿bruja, complaciente, amiga o distante?

- Entiendo que cada subordinado tendrá una visión de mi trabajo y lo que para unos es bueno para otros no lo es tanto. Te diré sólo que soy bastante emocional, conversadora y con un alto nivel de exigencia personal y, por tanto, también de mi equipo.

Salto de lo estrictamente laboral a lo que mis subordinados sienten, de forma que me interesa si tienen problemas en su vida privada, si son felices con su trabajo o si su ambición les lleva por otro camino. Tengo olfato para ver actitudes que quizá ellos no han observado en ellos mismos y soy de risa y lágrima fácil.

 


Terra / Karen Uribarri