Los domicilios de marihuana y todo tipo de drogas psicoactivas  tienen un auge importante en Bogotá.
Los domicilios de marihuana y todo tipo de drogas psicoactivas tienen un auge importante en Bogotá.
 
 

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Noviembre 6 de 2008

Tráigame una camiseta verde: marihuana a domicilio en Bogotá

 

- Aló, ¿Turco?
- ¿Con quién habló?
- Con Pepe, un amigo de María Juana.
- Bien parcero, ¿qué quiere?
- Un domicilio.
- ¿Para dónde?
- Por la 26 arriba de la 30, cerca a la Universidad Nacional.
- Listo, le timbro (al celular) cuando llegue.


Los domicilios de marihuana y todo tipo de drogas psicoactivas tienen un auge importante en Bogotá. Aunque se pueden conseguir fácilmente en las calles, comprarlas allí conlleva riesgos que han venido impulsando la modalidad de ventas a domicilio.

Según datos entregados por la Sijin Bogotá, 65 personas han sido capturadas en la capital por la venta de alucinógenos a domicilio, siendo la cocaína, el basuco y la marihuana las drogas más incautadas durante los procedimientos judiciales.

Las detenciones de estas personas se han hecho en el momento en que entregan las drogas.

Lo que busque, a domicilio

Martín (*) es un habitual consumidor de marihuana y, para evitar exponerse, decidió pedirla a domicilio. Ha encontrado varias formas de entrega y de oferta que decidió compartir con Terra Colombia.

No fue fácil conseguir un teléfono al cuál llamar. Debí hacer una pesquisa con algunos contactos en el Messenger para obtener el dato de tres dealers y conocer las palabras mágicas para convertirme en cliente. Pruebo suerte con el primer número.

Ya está, la clave funcionó y un porro viene en camino. Media hora después me llaman de un número que no conozco y cuelgan enseguida. Devuelvo la llamada y el ‘Turco’ me dice que ya va a llegar. Acordamos vernos en una estación de gasolina a menos de una cuadra de donde vivo y me da los datos para ubicar su carro.

Es una vieja camioneta tipo station wagon, de apariencia familiar. Saludo al ‘Turco’ y a su voluptuosa acompañante. Se ven como cualquier pareja joven que va de rumba. No levantan sospechas y por dentro el carro luce normal.

Lo del ‘Turco’ son las drogas finas e importadas. Me ofrece distintas variedades de marihuana hidropónica, aterciopelada y pegajosa al tacto. Cada ración vale 20 mil pesos y trae dos cigarrillos, armados en papel especial para fumar marihuana: es de combustión lenta y viene aromatizado para reducir los olores delatores.

Escojo dos paquetes: uno con sabor a Martini’ y otro de ‘strawberry’. Son 40 mil pesos. Con eso bien podría comprar 250 gramos de marihuana común en las ‘ollas’ del centro, pero si me cogen con esa carga también podría parar en la UPJ o en la cárcel, si la suerte está peor.

Entrego los billetes y dos empaques relucientes de Blunt Wraps, la compañía estadounidense que fabrica el papel, aparecen como por arte de magia. Sólo alcanzo a ver que estaban guardados en algún lugar de la consola central, detrás del radio y los controles de la calefacción.

Antes de bajarme del carro, me ofrecen el resto del menú de esa noche: incluye éxtasis, cocaína, popper, ruedas (drogas siquiátricas como el Rivotril o el Seconal) y ácidos. Lo mío es lo natural pero siempre he tenido antojo de un ácido. Sólo por ver qué pasa. A la próxima, tal vez compre un ‘Hoffman 70 años’, edición de aniversario en homenaje al inventor del LSD. Reluce en su diminuto envoltorio tipo zipplock con la cara del gato Félix. Tan sólo vale 20 mil pesos y es auténtico.

Servicio de taxi

ASÍ NOMBRAN LAS DROGAS EN LOS DOMICILIOS

Paquetes = envolturas de Marihuana
Marlboro = cigarrillos de Marihuana
Patacones = papeletas de Basuco
Blancos = papeletas de Basuco
Sabanas = papeletas de Cocaína
Pantalones verdes = Marihuana



*Fuente: Unidad Investigativa Estupefacientes de la
SIJIN – MEBOG

Alicia es una mujer menor de 30 años, narra Martín, que nació en la costa Atlántica y se vino a Bogotá en busca de oportunidades. Se le presentó la de entregar marihuana a domicilio y aceptó. No confiesa cuánto gana pero debe ser una cifra interesante, pues de domingo a domingo se expone a varios años de cárcel por transportar y vender kilos de hierba.

Con ella no hay palabras mágicas. Se le pide el domicilio y ella decide: si está cerca y la voz al otro lado del teléfono le inspira confianza, acepta. De lo contrario, se muestra indignada y cuelga.

Como era mi primera vez, convencerla no fue fácil, pero valió la pena: me habían dicho que nadie más entrega tal cantidad de marihuana a domicilio y resultó cierto: 50 gramos frescos por 20 mil pesos.

Para ‘hacer la vuelta’ basta una llamada a su teléfono móvil, un nombre ficticio que hace un pedido, da una dirección y acuerda una hora de entrega. Su servicio es el más sofisticado. Siempre se moviliza en un taxi último modelo, que se anuncia al llegar a la dirección indicada y espera que salga el cliente.

El comprador debe abordar el vehículo, en el asiento trasero, justo al lado de la cartera de Alicia llena de ‘pacos’, como se conocen en el argot los envoltorios de marihuana. Terminada la transacción, el taxista, claramente parte del negocio, vuelve a dejar al cliente en su casa.

En las siguientes ya me tenían confianza como para ahorrarme el paseo y todo ocurrió frente a mi casa. Me sorprendieron los cambios de atuendo de Alicia, según el día de la semana: los lunes parece una estudiante universitaria, los miércoles una profesora y los viernes una perfumada ejecutiva. Una estrategia para no levantar sospechas, dice.

Cigarrillos chistosos

‘El caleño’ lleva más de diez años en el negocio de drogas a domicilio. Esto le ha dado suficiente experiencia para saber que siempre debe tener por lo menos un millón de pesos en efectivo, para tranzar policías. Le ha tocado hacerlo varias veces, según cuenta.

En la actualidad sólo vende marihuana, que trae desde Siloé, Cali, en paquetes de cigarrillos Pielroja sin filtro. Una semana de cada mes se borra del mapa, mientras recoge su mercancía en Cali y la lleva a Bogotá. De resto, está disponible a cualquier hora, para ir a donde lo necesiten sus clientes.

Cada paquete de ‘cigarrillos chistosos’, como los llama por la risa que producen al fumarlos, luce perfectamente empacado. No presenta ninguna alteración exterior que permita diferenciarlo de un paquete normal. Incluso al abrir el empaque, la única diferencia es que el tabaco no luce café sino verde. Y claro, logra lo que ningún tabaco puede.

La transacción toma pocos minutos. Le entrego 25 mil pesos y aparece un paquete de ‘Pielroja’. A diferencia del ‘Turco’, el ‘Caleño’ los oculta en las cabeceras y entre la cojinería de los asientos. Mientras me bajo del carro, con mi paquete de cigarrillos entre el bolsillo, alcanzo a oír su advertencia de despedida: “la próxima semana le voy a subir a 30 mil pesos”.

Es un hecho: ni siquiera los vicios escapan de la crisis económica.

(*) Se ha cambiado en nombre por pedido de la fuente.

Por: Javier Riveros / Terra Colombia
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