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Álvaro Uribe Vélez logró una histórica reforma constitucional que le permitió ser reelegido en 2006. Foto: AP
 

Álvaro Uribe Vélez

Actualizado: Enero 13 de 2009
El presidente Álvaro Uribe ha sido el mayor aliado de Estados Unidos en un escenario latinoamericano en el que ahora abundan jefes de Estado de izquierda.

Uribe, que rechaza que lo ubiquen en la derecha, por considerar que esa división ya está pasada de moda, logró una histórica reforma constitucional que le permitió ser reelegido en 2006 para un segundo mandato de cuatro años.

Entre los logros de este abogado de 56 años, nacido en Medellín, en el departamento de Antioquia; se destaca el haber gobernado durante seis años con una popularidad de alrededor del 70 por ciento en las encuestas.

El jefe del Estado ha promovido en su administración la política de Seguridad Democrática, caracterizada por una férrea posición frente a la guerrillas y que ha conseguido la tranquilidad para viajar por las carreteras, antes infestadas de rebeldes en busca de personas para secuestrar.

Al Presidente se le reconoce también haber conseguido la confianza de los inversionistas extranjeros en la economía, que en 2007 creció en un 7,5 por ciento, la cifra más alta en tres décadas.

“Trabajar, trabajar y trabajar”

Álvaro Uribe, de temperamento enérgico y explosivo, trabajador incansable, prometió al tomar posesión de la Presidencia en 2002 no hacer más que "trabajar, trabajar y trabajar".

Uribe, de familia de hacendados, fue un estudiante de Derecho, de altas calificaciones y amante de las discusiones intelectuales, e irrumpió a los 24 años en la vida política, al ser nombrado secretario del ministerio de Trabajo en 1977, y luego se desempeñó como director de la Aeronáutica Civil (1980-82), alcalde de Medellín (1982-83) y concejal de esta ciudad (1984).

Más tarde se desempeñó como Senador (1986-94), Gobernador de Antioquia (1995-97) y, tras una pasantía universitaria por Oxford (Reino Unido), fue finalmente candidato independiente en los comicios presidenciales de 2002, en los que arrasó con su promesa de "mano firme y corazón grande".

Su padre, Alberto Uribe Sierra, fue asesinado en 1983 en su hacienda de Antioquia por guerrilleros de las Farc al negarse a ser secuestrado, hecho que marcaría para siempre al actual Presidente.

En la Gobernación de Antioquia, Uribe aplicó su concepción de Estado comunitario, que continuó en la Presidencia, y que se caracteriza por reuniones todos los fines de semana en las que se analizan durante horas planes y obras, mientras los subalternos rinden cuentas, toman nota y a menudo reciben tirones de orejas del gobernante.

Uribe en principio fue liberal

La carrera política de Uribe se hizo casi siempre dentro del Partido Liberal, que con el Conservador se repartió el poder durante siglo y medio de vida colombiana, pero que él ayudó a convertir en minorías apabulladas ante el "uribismo".

No obstante, él llegó al despacho presidencial a nombre de un movimiento disidente, Primero Colombia, y se hizo reelegir ayudado por partidos surgidos alrededor de su nombre, como el Partido de La U, conservadores y liberales.

Uribe personalmente

Uribe dedica el poco tiempo que le deja el poder a sus fincas en Antioquia y Córdoba y a los caballos, asuntos que maneja de madrugada por teléfono cuando no hay otra solución.

Casado con Lina Moreno, una mujer discreta, informal e intelectual que rechaza que le llamen primera dama, es padre de dos hijos, Tomás, de 27 años, y Jerónimo Alberto, de 25, cuyos negocios de artesanías recuerdan la prematura actividad comercial de su padre cuando era adolescente.

Los éxitos logrados por Uribe han llevado a sus partidarios a promover un tercer mandato, para el cual se requiere una nueva reforma legal.

Pero el Presidente no se ha pronunciado todavía claramente sobre si buscará permanecer otros cuatro años en el palacio presidencial de Nariño y esa indefinición es la principal crítica de sus opositores, que defienden la necesidad de que haya nuevas caras en el poder.

Los detractores de Uribe, unos más radicales que otros, critican su postura "fascista" y su supuesta blandura con los grupos paramilitares, con los que el propio Gobierno dialogó hasta la desmovilización de 31 mil combatientes.

Así, por ejemplo, las Farc lo acusan de legalizar esos escuadrones de derecha, mientras que el jefe opositor, el senador Gustavo Petro, de izquierda y unos de los congresistas más destacados del país, afirma que el gobernante "debe dejar de rodearse de amigos paramilitares en el Gobierno y en el Congreso".

Terra Colombia / Guillermo Tovar / EFE

 

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