La única máquina que hay en el desolado sitio es un jeep pintado de rojo que muchas veces no da estarte. Por eso cuando el humo aparece a los lejos, ellos tienen que prender la destartalada y diminuta moto, marca Adress y, como pueden, acudir a prestar auxilio con un extintor y una pala.
Detrás sale un vetusto Renault 6 –cuando le da por prender- al que no le cabe un apachurrón más. La parte trasera de este carro hace las veces de máquina de bomberos, porque allí meten las mangueras, los extintores restantes y se acomodan unos cuantos bomberos. Toda una odisea.
Si algo piden los 14 miembros de la Estación de Bomberos de Belalcázar es que no suene el teléfono y les avisen de una emergencia. Cuando eso pasa “comienza Cristo a padecer”, dice Arturo, un curtido bombero de este municipio al oriente de Caldas.
Y es que un incendio, por pequeño que sea, es todo un desafío para el cuerpo de bomberos del pueblo. La palabra pobreza se queda corta para describir las condiciones en las que tienen que trabajar estos hombres. ¿Es el cuerpo de bombero más pobre de Colombia?, no se sabe, pero hace méritos para serlo.
Las cosas, que siempre anduvieron mal en la estación, se complicaron aún más hace cuatro años cuando en la intención de apagar un incendio, los que tuvieron que recibir ayuda de la comunidad fueron los mismos bomberos. La única máquina extintora que poseía la estación salió a atender una emergencia, con tan mala fortuna que rodó por un abismo. “Quedó inservible”, dice Jairo, el más joven de los bomberos.
Después de este hecho, los 14 miembros de la estación quedaron con otra unidad de rescate, prestada en comodato por el hospital local, que constantemente presenta fallas mecánicas. “Es una incertidumbre porque cada que hay emergencia no prende”, dice Leticia Morales, habitante del municipio.
Y entonces ¿qué hacer cuando arde alguna vivienda en el pueblo? Allí todos la pasan de bomberos. Ya es común que cada que hay un incendio, tanto los miembros de la estación como los mismos habitantes armen una cadena humana y apaguen el fuego a punta de balde. Las palas, extintores o mangueras llegan en el primer carro que se ofrezca a llevarlas.
Por ahora, las cosas tienden a seguir igual. En Belalcázar, mientras los bomberos la pasan mal, el rancho arde.
Corresponsal Eje Cafetero / Terra Colombia