Atardecer en el Amazonas


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Rastros del misterio amazónico

Destino recóndito y deslumbrante

 

Una travesía contra corriente por el Amazonas colombiano

 

No alcanzan las clases de historias y geografía ni los mitos y cuentos transmitidos de generación en generación, para describir la magia y la grandeza de la selva. Por eso es necesario entrar en ella, apreciar su imponencia, su energía y su mística para tratar de desenmarañar el misterio.

 

Viajar entonces al Amazonas colombiano, se convierte en una travesía única, que permite entender que la selva tiene vida propia, que pareciera ser una dimensión totalmente diferente a la que conocemos, porque allí indiscutiblemente no es el hombre quien tiene el poder.

 

Llegar a este lugar es bastante complejo, un vuelo no tan largo para las aeronaves modernas, pero que aún así se vuelven pequeñas ante la inmensidad de un paisaje donde predomina el verde y la profundidad y espesura de la selva.

 

Más que una cuestión biológica, al descender del avión, los poros del cuerpo se abren para permitir el flujo de un aire espeso que podría ser un somnífero, que quizá sea el que mantiene en trance al viajero durante su estadía.

 

A pesar de que el primer contacto con el Amazonas, sea pasar por el pequeño y colorido aeropuerto de Leticia, desde ese mismo instante queda claro que la selva y los animales que la habitan son los verdaderos dueños del lugar.

 

El clima selvático, húmedo, caluroso, comienza a invadir poco a poco el cuerpo del viajero y mientras esto sucede, él descubrirá la civilización: Leticia, en medio de la manigua. Una ciudad que demuestra que aunque el progreso llega, la naturaleza no ha permitido que se imponga allí nada ante ella. Sus habitantes entienden y viven esto como una filosofía de vida, quizá por esto es una región tranquila, que logra escapar de la realidad del país que no le es ajena, pero si es lejana.

 

Una gran muestra del avance de la ciudad son las instalaciones del hotel Decameron, un lujoso lugar para los más exigentes, que desean un lugar menos agreste a la hora de descansar.

En este lugar el viajero tendrá la posibilidad de conocer al Tarzán colombiano, el hombre de la selva que se ha hecho leyenda en las generaciones mayores, Kapax, el guardián del Amazonas.

 

La travesía se hace real al embarcarse en el río Amazonas, para partir hacia el destino planeado, en esta oportunidad el Parque Amacayacu. Un recorrido contra corriente, donde la selva se va apoderando del paisaje cada vez con mayor fuerza. Un río inmenso, fuerte, que respeta a quien le respete.

 

Las recomendaciones para este lugar son sencillas, dejarse asombrar, respetar la naturaleza, no infringir los límites para no sentirse atacado.

 

Allí en algún momento del recorrido se logra entrar en el ‘Trapecio Amazónico’, el punto fronterizo de tres países, Brasil, Perú y Colombia. Sin embargo no existe diferencia aparente, simplemente una sola tonalidad verde domina todo el horizonte.

 

Una vez en el parque el viajero tendrá que adaptarse a los caminos elevados, apropiadamente instalados para proporcionar seguridad, en un recorrido que develará animales y plantas extraordinarias que aparecerán al paso del caminante.

 

En las noches la oscuridad se adueña del lugar, los ruidos selváticos se convierten en el arrullo del visitante que dormirá tranquilo respirando un aire puro que en cada suspiro se hará sentir único y particular.

 

En época de lluvias se disfruta un amanecer no muy claro ni despejado, que se explica también por la cúpula que la selva forma sobre la plataforma del parque; un encierro que parece aislar lo que hay allí en el tiempo y el espacio.

 

Sin duda una experiencia totalmente diferentes a los planes vacacionales que todo viajero a experimentado con la oportunidad de dormir en malokas y literas, disfrutar de la gastronomía propia de la región, donde se conjugan sabores de tres países.

 

Algunas de las actividades más interesantes para realizar en este viaje, son el avistamiento de delfines rosados, visitar la isla de los micos para acercarse a esto tiernos animales y si ellos quieren hasta alimentarlos. Ascender y descender en cuerdas en un Ceiba de 35 mts, en medio de la selva; una actividad para los más aventureros, que busquen una atractiva vista panorámica.

 

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Terra Colombia/Mónica Hurtado Ruiz