Berlín, Alemania
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¡Un lugar para espías!

Abre en Berlín una taberna inspirada en los métodos de la Stasi

A doscientos metros del antiguo Ministerio de Seguridad de la República Democrática Alemana (RDA), hoy sede del Museo de la Stasi, acaba de abrir una taberna inspirada en los métodos de persecución y espionaje del servicio secreto de la Alemania del Este.

 

Con el nombre "Hacia la tapadera: punto de encuentro para la conspiración", este pequeño restaurante de comida alemana transporta al cliente a los años de represión de la RDA, cuyo servicio de espionaje sometió a su férreo control a unos cinco millones de ciudadanos críticos con el régimen.

 

Un cartel sobre la puerta del establecimiento pone sobreaviso al peatón: "Venga a nosotros, si no, iremos a por usted", al tiempo que le invita amablemente a disfrutar de los platos originales del Berlín oriental.

 

Wolfgang Schmelz, el tabernero que regenta el local junto a su amigo Willi Gau, explica a EFE que la idea de abrir un bar de este tipo les vino tras visitar el vecino Museo de la Stasi, que exhibe las sofisticadas técnicas de espionaje utilizadas por los 91.000 funcionarios y cerca de 300.000 confidentes del Ministerio de Seguridad del Estado.

 

Schmelz afirma que desde su inauguración, hace tres semanas, las cosas "marchan muy bien", sobretodo, gracias a la "publicidad" que están haciendo los medios locales del bar, que, por otra parte, ha sido calificado de "mal gusto" por algunos.

 

Sin embargo, Schmelz asegura que el "95 por ciento de los clientes que vivieron en la RDA no tienen ningún problema en venir aquí". "Vienen a tomar algo y de paso rememoran sus recuerdos de juventud en el este, de cómo eran sus vidas antes de la caída del Muro, pero casi nunca hablan sobre la represión", comenta.

 

Es el caso de Erika, una clienta habitual nacida "en el barrio" pero criada en el Berlín occidental, que acude al bar para mantener "agradables conversaciones" sobre el pasado. "Pero no sólo de las malas experiencias, también vivimos buenos tiempos", sostiene.

 

Además, los taberneros se defienden afirmando que se toman "muy en serio" el tema de la Stasi, si bien añaden que éste "da pie a la sátira porque pertenece al pasado".

 

El local, totalmente renovado, está decorado con iconografía comunista: carteles del marxismo, un busto de Lenin o fotografías de los líderes políticos de la RDA adornan las paredes del bar.

 

En lo alto de una estantería destaca una pequeña urna "en recuerdo a E.H", en referencia a Erich Honecker, jefe de Gobierno de la Alemania comunista, así como una taza con la estampa del mandamás de la Stasi, Erich Mielke, más conocido entre los berlineses orientales como "el señor Miedo".

 

Sobre la barra del bar cuelga una bandera original de la RDA y en una esquina hay una mesa para interrogatorios con una máquina de escribir y una chaqueta de un oficial de Seguridad del Estado.

 

Atento a los comensales sentados en las mesas del local, un maniquí con casco, porra, escudo y esposas, viste el uniforme original de la Policía Antidisturbios de la RDA, que tuvo un gran protagonismo en los últimos años del régimen comunista.

 

Schmelz cuenta que la mayoría de los objetos son "donaciones" de amigos y clientes, como la colección de productos originales de la Alemania Oriental como cigarrillos, licores y chocolate.

 

La carta, marcada con la insignia de la hoz y el martillo, ofrece platos típicos de la RDA, entre los que destaca su exquisita Soljanka (4,3 dólares), una sabrosa sopa de origen ruso.

 

Pero entre tanta armonía, desentona una máquina tragaperras, que subvierte las directrices comunistas, ya que 'incita' al juego, actividad prohibida por la RDA y vigilada por la Stasi.

 

En el local, que cierra los lunes, sólo suenan los 'hits' musicales de la Alemania del Este y se está convirtiendo en visita segura para quienes se acercan al Museo de la Stasi.

 

Satisfecho por cómo va el negocio, Schmelz explica que hace unos días un amigo ruso les llamó para contarles que había visto una noticia sobre su taberna en la televisión pública de Rusia. "¡Eso es algo estupendo!", exclama Schmelz, quien añade que "al fin y al cabo" su establecimiento es "una taberna más".

 

EFE