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La modernización de Pyongyang reta las sanciones contra Corea del Norte

17 abr 2017
04h24
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Mientras continúa la tensión por la nueva prueba de misiles norcoreana y con la comunidad internacional buscando presionar aún más a Corea del Norte, la asombrosa modernización de Pyongyang supone todo un desafío al creciente aislamiento del país.

El despliegue de iluminación urbana con farolas en las principales calles de la capital, la inauguración de nuevos proyectos urbanísticos y la proliferación de restaurantes y centros comerciales hace que la capital norcoreana aparezca hoy irreconocible respecto a hace solo un año.

La prueba de misiles de este domingo, que desencadenó de nuevo la condena internacional, volvió a poner de manifiesto que Corea del Norte está dispuesta a seguir con su desarrollo armamentístico a pesar de la presión y las cada vez más fuertes sanciones económicas que buscan ahogar al aislado país asiático.

En la nueva avenida Ryomyong pasean familias y militares en su día libre entre zonas ajardinadas, una decena de modernas torres de viviendas -una de ellas de 70 pisos- y flamantes centros comerciales con supermercados, agencias de viajes y tiendas con escaparates en los que se pueden ver televisores de plasma y tabletas.

Este proyecto fue inaugurado a bombo y platillo el pasado 13 de abril por el líder Kim Jong-un coincidiendo con las celebraciones del 105 aniversario de su abuelo y fundador del país, Kim Il-sung.

El nuevo barrio es un elemento más que está consiguiendo cambiar radicalmente el aspecto de una ciudad donde las grúas -muchas fabricadas en China- y las obras de construcción, casi todas aparentemente ejecutadas por el ejército, son una constante.

Este "boom" de los megaproyectos comenzó hace cinco años con la llegada de Kim Jong-un al poder cuando se inauguraron las céntricas Torres Mansudae, conocidas como "Pyonghattan", y se consagró con la apertura a final de 2015 de la mastodóntica avenida de los científicos Mirae.

Este desarrollo urbanístico contrasta con las duras sanciones económicas impuestas por la ONU que llegaron el pasado febrero a su nivel más alto cuando China, su principal socio comercial, anunció la suspensión de todas las importaciones de carbón, una de sus escasas vías de entrada de divisas.

"Habría que plantearse hasta que punto China aplica concienzudamente las sanciones sobre Corea del Norte, incluido el comercio de carbón", dijo a Efe Sokeel Park, director estratégico y de investigación de Liberty in North Korea.

"Pekín luchó por incluir la excepción de sustento (que establece cantidades mínimas para garantizar la subsistencia del pueblo), una forma de seguir comerciando si quieren", añade.

Este experto basado en Seúl apuntó que la economía norcoreana lleva años "sumergida en el ecosistema comercial chino" lo que está dando ahora sus frutos.

Esos intercambios comerciales con China y cierta liberalización de las prácticas económicas han logrado de manera indudable cambiar los hábitos, al menos en la capital del país.

La normalización del uso de "smartphones", desde los que se puede comprar en internet, es total en Pyongyang, y también es evidente el cambio en el vestuario, con prendas mucho más coloridas y gran variedad de zapatos y bolsos, así como el número de coches -muchos, modelos extranjeros importados de China- que empiezan a llenar las calles.

Las tiendas han empezado a dejar de estar escondidas detrás de cristales oscuros, cada vez se abren más comercios con escaparates, carteles y luces de neón, y proliferan las cafeterías donde tomar un "espresso", algo impensable hace un par de años.

El encendido reciente de farolas en las principales calles, hasta hace muy poco completamente oscuras al caer la noche, está transformando el aspecto de la ciudad, donde incluso se ve a gente paseando perros, un claro síntoma de bienestar.

Sin embargo, el efecto de las sanciones puede ser muy duro a largo plazo, en un país donde dos tercios de su población vive en situación precaria, según los últimos informes de la ONU.

En 2016 el régimen puso en marcha su plan quinquenal para dar un impulso a su economía y solucionar problemas endémicos como la escasez de alimentos y electricidad, aumentando sobre todo la producción industrial y agrícola.

La piscifactoría de siluros de Pyongyang, inaugurada en 2002 por el entonces líder Kim Jong-il y cuya imagen decora en un enorme mosaico la entrada, produce 2.500 toneladas de este pescado.

"Hasta que el mariscal Kim Jong-un visitó el pasado octubre esta planta, producíamos 2.000 toneladas, pero él nos pidió aumentar esa cifra y lo hemos cumplido", explicó hoy a Efe un empleado.

En este sentido, detalló que han mejorado la maquinaria y la alimentación y que ahora los peces y el pienso ya no llegan desde Egipto o Hungría, "todo lo producimos o criamos aquí".

El de esta piscifactoría del este de Pyongyang es un ejemplo del modelo de autosuficiencia que el régimen intenta potenciar para ser menos vulnerable a unas sanciones que seguirán aumentando mientras no renuncie a su programa nuclear y de misiles.

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